Beneficios de la oración Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Septiembre 11 del 2018

 

Por la oración se obtiene la salvación, la comunión y el perdón. “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10: 13). “Si alguno oye mi voz, y abre la puerta, yo entraré en él, cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3: 20). “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1: 9). “Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias” (Salmo 34: 4, 6).

 

Por la oración se obtiene protección. Dios promete su mirada protectora sobre todos aquellos que inspirados en la palabra, levantan por la oración un especial clamor a El. “Mi mano hizo todas las cosas, y así todas las cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66: 2). “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti” (Salmo 16:1, 2).

 

Por la oración se obtiene dirección. Cuando, en oración, le entregamos al Señor nuestras responsabilidades, expectativas y temores, él dirige nuestros caminos y hace su voluntad, que es lo único perfecto y bueno que existe. “Encomienda a Jehová tu camino, confía en él, y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía” (Salmo 37: 5, 6). “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tu no conoces” (Jeremías 33: 3).

 

Por la oración se obtiene victoria. El ser humano, y mucho más el cristiano, como hijo de Dios que es, tiene un enemigo enconado y temible, y ese es el diablo. Este lo quiere quebrantar de muchas maneras, y finalmente lo quiere destruir. El único que lo puede vencer, y de hecho ya lo hizo, es Dios, en la persona del Señor Jesucristo. Esta victoria, es consumada por Dios, cuando oramos. “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del Diablo” (1 Juan 3: 8b). “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros…Afligíos, lamentad, y llorad…Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (1 Juan 4: 7, 8a, 9a, 10).

 

Por la oración se obtiene satisfacción y remuneración. El hombre vive en función de la obtención de metas. Su éxito y su felicidad dependen en gran medida de la capacidad para lograr lo que se propone. Todas las áreas de la vida requieren objetivos altos y lejanos que le permitan tener sentido a su existencia. Esta característica humana obedece a un perfecto diseño de Dios, en donde el cumplimiento de esas metas requieren de algo más que habilidad, inteligencia, experiencia o suerte; se requiere de la intervención divina.

 

Por lo tanto, el logro de las metas y el cumplimiento de los propósitos humanos necesitan indefectiblemente del poder del creador; y este es activado sólo cuando oramos. “Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37: 3, 4). “Yo Soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el hijo” (Juan 14: 6, 13).

 

Por la oración se obtiene descanso y paz. La paz es un estado del alma, que se da como fruto de la presencia y acción del Espíritu Santo, y por lo tanto es propiedad privada de Dios. Como propietario único de la paz, quien la ministra es Dios mismo. “Mi paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14: 27). “El fruto del espíritu es amor, gozo, paz...” (Gálatas 5: 22). Así, la paz es un elemento esencial para la habitación y acción de Dios. El diablo necesita quitar, robar o romper la paz, porque en cuanto lo hace, la obra y acción de Dios queda inhabilitada, y él (el diablo) queda completamente libre para actuar.

 

Así que, necesitamos que Dios nos dé y sostenga su paz, para llegar a ser beneficiarios de su gracia; y esto es posible sólo por la oración. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11: 28). “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo” (Salmo 55: 22). “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4: 6,7).

 

Por la oración se obtiene la llenura Espíritu Santo. La vida abundante que Jesús promete al cristiano, depende del mantenimiento de la llenura del Espíritu Santo. Y aunque todo cristiano es habitado por el Espíritu Santo, no todos son llenos (controlados) por el Espíritu Santo. Sin su control, el cristiano es derrotado. Por lo tanto, para que Jesucristo pueda ser verdaderamente su Señor, todo cristiano debe mantener al Espíritu Santo en su justa posición: Llenando y controlando totalmente su corazón. “¿No sabéis que sois templos de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3: 16). Pero ¿Cómo ser controlado por el Espíritu Santo nuevamente, después de haber roto la comunión por un pecado? Respuesta: ORANDO.

 

Así, confesamos en oración, nos arrepentimos en oración, y pedimos el control del Espíritu en oración. “El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Proverbios 28: 13). “…. ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11: 13). “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4: 31).

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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