¿Cómo orar en el Espíritu? - Parte 2 Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Octubre 30 del 2018

 

6. CON MANSEDUMBRE Y HUMILDAD.

 

El Señor no oye ni responde a rebeldes, ni a endurecidos, ni a opresores. “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:16,17).

 

“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Santiago 4:10). “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).

 

Mansos: Sujetos a lo establecido y a los establecidos. Humildes: Prudentes y respetuosos.

 

“De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” (Romanos 13:2).

 

“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con sus esposas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:8).

 

 

7. CON FE ABSOLUTA.

 

En la “Biblia de Jerusalén”, dice en Marcos 11:22–24: “Jesús les respondió: Tened fe en Dios. Yo os aseguro que quien diga a este monte: Quítate y arrójate el mar, y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido, y lo obtendréis”.

 

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

 

“Pidan con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6,7).

 

 

8. PERDONANDO.

 

“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas” (Marcos 11:26).

 

“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).

 

“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23,24).

 

 

9. SIN CODICIA.

 

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (St. 4:3,4).

 

Se debe pedir sin codicia, es decir, no para tener de más, ni para malgastar, ni para vanidad; sino para continuar dependiendo del Señor cada día, con humildad, modestia y fe. “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mateo 6:11). Obsérvese que no dice: “el pan nuestro de toda la vida dádnoslo hoy”, tipo lotería de suerte.

 

 

10. CON INTENSIDAD.

 

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).

 

“Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias” (Salmo 37:17). “Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra” (Salmo 72:12).

 

“Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44). “Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿Lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿Porqué me has desamparado? (Mateo 27:46).

 

“Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más... Y deteniéndose Jesús los llamó, y les dijo: ¿Qué quieren que os haga? Ellos dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús compadecido, les toco los ojos, y enseguida recibieron la vista; y le siguieron” (Mateo 20: 30–34).

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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