Comunión Fraternal Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Julio 24 del 2018

 

Nacemos en una familia, aprendemos en un aula de clases junto con otros estudiantes, vivimos en grandes grupos humanos locales, regionales, nacionales e internacionales, somos útiles y productivos en organizaciones de trabajo conformadas por equipos humanos interdependientes y bien cohesionados, y nos mantenemos en el Espíritu dentro de la familia de Dios que es el cuerpo de Cristo o sea su Iglesia.

 

Así las cosas, es definitivamente imposible pretender mantenerse en el Espíritu sin permanecer en la comunión fraternal que la Iglesia del Señor Jesucristo ofrece. Porque no se requiere ser muy agudo en la observación, para descubrir el gemido y el esfuerzo del Espíritu para mantener viva y dinámica a la Iglesia de Cristo, en su forma universal y en su forma local.

 

Ministerios, asociaciones, convenciones, reuniones, retiros, campamentos, talleres, capacitaciones, celebraciones, campañas, escuelas, institutos, seminarios, entrevistas, consejerías, discipulados, cultos, y muchas otras incesantes actividades, son ciertamente fruto de la acción poderosa del Espíritu Santo para que el creyente se mantenga en el Espíritu de manera victoriosa, y pueda cumplir con el glorioso propósito que Dios tiene para su vida.

 

Este pensamiento lo dejó bien claro el Señor Jesús desde el mismo momento en que presentó por primera vez el concepto de Iglesia a los apóstoles; Allí afirmó categóricamente que Su Iglesia estaría edificada sobre Él mismo, como su fundamental Roca, y que el poder y la victoria del creyente en la tierra, estarían íntimamente ligados a ella. Veamos: “respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús respondió: …… Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta Roca (Cristo, como lo afirma Pedro), edificaré “MI” Iglesia; y las puertas del Hades, no prevalecerán contra ella. Y a tí (Iglesia), te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra, será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos” (Mateo 16: 16,18,19). Comparar, por favor, con Mateo 18: 17 – 20.

 

¿Lo vieron? Cuando Pedro profirió el definitivo postulado de conversión y salvación en el (v.16), el Señor se emocionó tanto (v.17), que terminó asignándole a Pedro, lo mismo que le asigna a todo aquel que se adhiere y se identifique con este mismo postulado: Que inmediatamente se convierte en una piedrita más de SU portentosa e invencible Iglesia. Ver 1 Pedro 2:2-8. El Señor le dijo: “Tú eres Petros” (piedrita, en el idioma original); “y sobre esa “Petra” (Roca), edificaré MI Iglesia. La Roca es el personaje central de la afirmación de Pedro en el (v.16)(¿Quién soy yo? R/ Tu eres el Cristo).

 

Sin lugar a dudas, estar fuera del cuerpo de Cristo, sin participación y compromiso, es estar fuera de los planes y el amor del Señor. Y por el contrario, involucrarse activamente en la muy amada Iglesia cristiana, es mantenerse bebiendo de la revelación fresca y desafiante para cada época y para cada circunstancia de la vida y de la historia.

Ver 1 Corintios 12: 12–14, 27.

 

Veamos el argumento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo al respecto: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos (ramas); el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada podéis hacer” (Juan 15: 5).

 

Entendieron? Él, Cristo Jesús, es útil arbusto de compleja enredadera (Vid), conformado por todos los creyentes cristianos debidamente integrados, que en esa medida producen delicioso y alimenticio fruto. Así, si alguien se precia de ser cristiano, necesariamente debe permanecer como rama viva adherida a la vid, esto es a su Iglesia, y entonces tendrá claros y fehacientes resultados en el Espíritu: “mucho fruto” (Gálatas 5: 22,23); Por el contrario, si no permanece en la Iglesia, en amor, compromiso y servicio fraternal, necesariamente se convertirá en un ser inútil para Dios, y hasta estorboso para la obra de Dios en la tierra.

 

El Señor avanza más y advierte: “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15: 6).

 

Entendieron? El Señor Jesús afirma que si alguien, llamado cristiano, mira de soslayo a su Iglesia, que es la congregación de los santos (Hebreos 2: 11,12), aduciendo argumentos de juicio o justificación, poco a poco se irá secando espiritualmente, hasta llegar a la frialdad y a la apostasía; Y cuando lleguen las normales dificultades de la vida, o peor aún, cuando llegue el juicio, o aún el rapto de su Iglesia, será eliminado por el fuego de la prueba o por el fuego de la evaluación final del Señor.

 

En resumen, para caminar en el Espíritu, es de vital importancia congregarse con fidelidad en una Iglesia cristiana, renunciando a todo orgullo, autosuficiencia e independencia, aunque en algunas ocasiones haya desavenencias como naturalmente las hay en todo grupo humano. “Yo pues preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4: 1 – 3).

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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