El Espíritu Santo Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Agosto 28 del 2017

 

El Espíritu Santo es presentado en la palabra revelada como una persona que tiene todos los atributos de la deidad, y manifiesta todas las características de la personalidad; Con capacidad para pensar, sentir y decidir libre e individualmente. Mateo 3:16,17: “Y Jesús, después que fue bautizado, salió del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. El Espíritu Santo actúa unido perfectamente con el Padre y con el Hijo, en el inicio del proceso de la salvación del hombre. Aquí provee el testimonio visible acerca de Jesús, mientras el Padre provee el testimonio audible (la palabra de autoridad).

 

El Espíritu Santo es presentado en la palabra con pensamiento, emoción y decisión propios. Mateo 4:1: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo”. Tiene plena unidad con Jesús, definida personalidad, y omnipotente autoridad.

 

El Espíritu Santo es una persona. Tiene intelecto (Hechos 15:28; 1 Corintios 2:11). Tiene emociones (Efesios 4:30; Romanos 8:26).

Tiene voluntad (Hechos 13:2; 1 Corintios 12:11). Además, al Espíritu Santo, como persona que es, se le puede mentir (Hechos 5:3); y El Espíritu Santo, a su vez, puede prohibir (Hechos 16:6).

 

Jesús dice que el Espíritu, es el mismo Dios, y que la verdadera adoración ha de hacerse en ese mismo Espíritu, y a través de la Verdad. Juan 4:24: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en Espíritu y en Verdad es necesario que adoren”. Es decir, la única adoración agradable a Dios, debe involucrar al Espíritu santo, que implica Fe más Oración, y a la Verdad, que implica a Jesús y su palabra (Lucas 11:13; Juan 14:6; 17:17).

 

La adoración a Dios que involucra la presencia de imágenes salidas de las manos del hombre, y no es solo mediante el Espíritu Santo, es falsa. Por ello, la adoración que involucra imágenes, afrenta a Dios (Deuteronomio 4:15-18, 23, 24; 5:8-10; Salmo 115:1-8; Isaías 44:9-11; 46:5-9).

 

El Espíritu Santo comienza a tener relación con el creyente, desde el mismo momento de su conversión al señorío de Jesucristo en su vida: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” Efesios 1:13,14. De hecho, es el Espíritu Santo quien convenció al creyente para que llegara a los pies del Señor, y luego lo selló, como una garantía de eterna gloria en Cristo Jesús.

 

En Juan 16:7, Jesús afirma que su partida es necesaria para que el Espíritu Santo pueda venir a los cristianos. De esta forma, no siga “con” los creyentes, como estaba “con” los apóstoles; sino que estuviera “en” todos los creyentes como estaría después de Pentecostés. Juan 14:17: “El Espíritu de Verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”. Ciertamente, a partir de Pentecostés, el Espíritu Santo mora “en” el cristiano desde el momento de su conversión al señorío y a la salvación de Jesucristo. Es decir, cuando oye y acepta a Jesús como su único Señor y Salvador personal, queda sellado para siempre.

 

El Espíritu Santo es fiel compañía para el creyente cristiano. Juan 14:16,17a: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de Verdad …”. Jesús afirma que el Espíritu de Verdad es igual a él (otro Consolador). Y Jesús había dicho que él era igual al Padre. Entonces el Espíritu es igual al Padre. Jesús presenta al Espíritu Santo con la misma función de él y del Padre: la Consolación (perdonar, sanar, fortalecer y guiar); y lo presenta como alguien que él envía al corazón del creyente, y que tiene una procedencia netamente divina.

 

Así, a partir de Jesús, Dios ya no habita en la tierra en templos hechos con manos de hombres (Hechos 17:24), sino que por El Espíritu Santo, donde mora es en el cuerpo del cristiano, vivificándolo. Romanos 8:11: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”. 1 Corintios 3:16; 6:19: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?; ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”.

 

En cuanto a su obra, las funciones básicas del divino Espíritu Santo, según el Señor Jesucristo, son:

 

1. Convencer al no creyente para que encuentre la salvación en Cristo Jesús

(Juan 16:8-12).

 

2. Guiar al creyente conforme a la verdad de Cristo (Juan 16: 13).

 

3. Hacer resplandecer a Jesús en y a través del creyente y de su iglesia (Juan 16:14).

 

Adicionalmente, en Juan 15:26 el Señor dice: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí”. De hecho, “Espíritu de Verdad”, quiere decir “Espíritu de Cristo”, porque Jesús se auto define como la Verdad misma (Juan 14:6). El Espíritu Santo, entonces, es el testificador de Jesucristo en el mundo, en el creyente y en la iglesia.

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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El Espíritu Santo Por el Pastor, Justo Román Acero R.
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