Estructura de la oración - Parte 2 Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Octubre 02 del 2018

 

1.3 DIOS PADRE ES UNA PERSONA:

 

El esquema de Jesús sigue: “santificado sea tu nombre”. Ciertamente, se debe orar no a una fuerza o energía, sino a una persona, que tiene nombre; y que cuando se le nombra, él se da por enterado; y que este nombre es santo, por lo tanto es necesario en la oración, revestirlo de toda dignidad (“santificar”), endilgándole toda suerte de adjetivos calificativos que muestren su perfección, grandeza y bondad. “Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia (Salmo 136:1); “En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré (Salmo 145:5). (Ver Salmos 136 y 144 al 150).

 

A quien debemos orar los cristianos, entonces, es al Dios-Padre, Dios de nuestro corazón, Dios de la iglesia, el Todopoderoso, que es una persona, y cuyo nombre es santísimo. Nos revela el esquema que para orar con eficacia, debemos tener muy hondamente entronizado, que no todos los dioses e invocaciones son válidas, ni que todos los caminos conducen a Dios; sino que hay un solo Dios verdadero (1 Timoteo 2:5), y que ese Dios verdadero no es algo impersonal, sino una persona con nombre propio, que cuando se le pronuncia, se activa, está atento, y por lo tanto debe ser pronunciado, al orar, con suma reverencia. “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano...” (Éxodo 20:7). “Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; adoradle en la hermosura de su santidad” (Salmo 29: 2).

 

Debemos entender que el nombre de alguien, contiene y revela todo lo que esa persona es; y que lo más sagrado que una persona tiene es su nombre; y que éste no puede ser adulterado, cambiado, tergiversado, ironizado, burlado o aún ignorado. “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la esclavitud, por tanto, no tendrás dioses ajenos delante de mí. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Éxodo 20: 2, 3, 7).

 

“Regocíjense en ti, los que aman tu nombre” (Salmo 5: 11c). “Cantaré al nombre de Jehová, el altísimo” (Salmo 7: 17b). “Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra” (Salmo 8: 9). “El nombre del Dios de Jacob te defienda. Alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios. Del nombre de Jehová nuestro Dios, tendremos memoria” (Salmo 20: 1b, 5b, 7b). “Por amor de tu nombre, perdonarás mi pecado” (Salmo 25: 11). “Por tu nombre me guiarás y me encaminarás” (Sal. 31: 3b). “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2: 9 – 11).

 

En resumen, y según el maestro divino, la oración efectiva debe dirigirse al único Dios verdadero, que es ante todo, El Padre perfecto, que es Todopoderoso, y que tiene un Nombre Santo, el cual debe reconocérsele, nombrársele y exaltársele sin reservas, en la oración. “Porque no hay otro nombre (Jesús) bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 11, 12).

 

1.4 SE ORA A DIOS EL REY:

 

El esquema de Jesús nos enseña también, que la oración no solamente se debe hacer a Dios el Padre, amoroso, engendrador, creador y sustentador, sino también al Dios- Rey, Justo, legislador y demandador: “Venga a nosotros tu reino”. Por lo tanto, y como a Rey Supremo, hay que orar con la plena conciencia de obediencia absoluta: “y hágase tu voluntad ..” Así, si nos vamos a relacionar con Dios, debemos estar dispuestos a obedecer al Dios- Rey en su perfecta y santa voluntad, antes de que pretendamos pedir cualquier cosa personal.

 

Porque el Rey está para legislar y ser acatado sin objeción alguna. “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre ….(Salmo 145:1). “Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios y con todo el corazón le buscan” Salmo 119.1,2); “Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón” (Salmo 19: 8, 11).

 

Escuchemos al Señor Jesús: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama, y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él” (Juan 14:21). Dios El Rey, concluye: “Miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2b).

 

1.5 DIOS EL PADRE, ES AMOROSO, Y REY JUSTO:

 

Sin esa conciencia de adoración bifocal, de amor y de justicia, de Padre y de Rey, no se goza del derecho, frente al Dios verdadero, para orar. Por lo tanto, las palabras con que se expresa la oración, deben estar en concordancia con este sentir y con esta verdad fundamental.

 

El esquema maestro, entonces, nos enseña que para aprender el “Cómo Orar”, es necesario conocer primero, y muy bien, “A quién orar”; Y dentro de este punto, Y a su vez, debemos saber que en la oración valedera debemos dirigirnos al Dios único y verdadero que es Padre amoroso, y Rey Supremo. Esto, como siempre y sin excepción lo hizo el Señor Jesucristo, y como como siempre y sin excepción lo hacen los maravillosos salmos de la sagrada escritura.

 

Veamos algunos ejemplos de esta fórmula espiritual, aplicada en los ungidos Salmos: “Mi Padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación” (Salmo 89: 26). “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (Salmo 103: 13). “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, El es el Rey de la gloria” (Salmo 24:9,10). “Jehová reina; temblarán los pueblos”. El está sentado sobre los querubines, se conmoverá la tierra (Salmo 99:1). “Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré” (Salmo 5:3).

 

1.6 JESÚS, ES EL DIOS PADRE Y REY:

 

Debemos considerar también, que orar al Señor Jesucristo es igual que orar al Padre celestial: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre, Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9: 6). Nótese, que el futuro niño (700 años antes de Cristo), es Jesús; quien debe ser llamado “Padre Eterno”, según Jehová Dios. Por lo tanto, orar a Jesucristo es igual que orar al “Padre Nuestro”.

 

La misma línea de este pensamiento revelado es expresado por Juan el Bautista en Juan 1: 23: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”. Y sabemos que Juan preparó el camino a Jesús. Y ¿Quién es ese a quien él prepara el camino? Respuesta: en Isaías 40: 3, ese Señor, que se manifestaría en Jesús, sería el mismo Jehová: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios”. Así que, podemos orar así: “Tú, oh Jehová, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, eres nuestro padre; nuestro redentor perpetuo es tu nombre” (Isaías 63: 16b). Repasen Juan 14:13,14.

 

Cuando el creyente ora, según Jesús, se debe dirigir a su Padre fiel, en quien hay que confiar y a quien hay que amar, pero también a su Rey justo, a quien hay que temer, y a quien hay que obedecer. Son estos dos pensamientos y sentimientos los que deben prevalecer en el corazón del cristiano, cuando ora. Debe saber con toda claridad “A quién ora”.

 

La idea, en el esquema maestro, es que los cristianos somos la familia de Dios en la tierra, necesitados de misericordia, pero también somos parte del Reino de los Cielos, en donde se nos demanda total sujeción y obediencia. Por lo tanto, nuestro estilo al orar debe estar enmarcado entre estas dos realidades: orar como hijos privilegiados del Padre bueno, pero también como vasallos reverentes del Rey justo. Porque en un reino hay una autoridad que como padre vela por la supervivencia de sus gobernados, y como rey legisla y decide sobre sus vasallos, quienes deben someterse y obedecer, igual que en el reino celestial de Dios. “Hágase tu voluntad en la tierra como el cielo”.

 

Una vez que ha quedado claro “A quién oramos”, de acuerdo a la perfecta voluntad del Señor, orando de manera inteligente y reverente, e involucrando todo nuestro ser, entonces estamos en la debida condición y posición frente a Dios, para pedir por nuestras necesidades humanas.

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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