Estructura de la oración - Parte 3 Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Octubre 09 del 2018

 

 2. PETICIÓN:

 

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6: 11 -13).

 

El Señor Jesucristo, nos revela, en el esquema maestro, que el ser humano tiene básicamente tres grandes necesidades que cobijan todas las demás, y que debemos solicitar su cubrimiento a Dios, todos los días: Provisión, Perdón y Protección. Provisión material, porque somos cuerpo; Perdón personal, porque somos alma; y Protección del maligno, porque somos espíritu.

 

2.1. PROVISIÓN: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mateo 6:11).

 

Es claro que el término “pan”, hace referencia o representa todo lo material, físico y económico; porque nadie vive físicamente solo de pan, sea este de trigo o de cualquier otro cereal.

 

Ciertamente, el Señor sabe que lo primero que sentimos cada mañana de cada día de nuestra existencia en la tierra, son las necesidades de salud, alojamiento, vestido, alimento, transporte, educación, recreación, etc. y que estas necesidades son apremiantes y requieren trabajo y esfuerzo, y conllevan mucha preocupación, capacitación y planeación. Por ello, el Señor nos insta en el esquema perfecto de la oración, que una vez que adoramos correctamente, lo primeo que debemos pedir es por aquellas necesidades específicas que afectan nuestra existencia misma.

 

Así, es necesario que expresemos con plena certidumbre de fe y sin interrupción, nuestros requerimientos físicos y materiales, con la máxima especificidad cada día, al Padre proveedor, porque estos requerimientos se renuevan también cada día, adoptando diversos visos y montos, y exigiendo ser cubiertos con algún tipo de prontitud. “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6,7).

 

Sin embargo, se debe anotar, de acuerdo al modelo, que debemos tener mucho cuidado con pedir con codicia o con avaricia; Esto es, debemos cerciorarnos de que lo que pedimos no sea egoísta, impuro, injusto o ilegal, ni que sea para ostentar, acumular o despilfarrar, que fue la propuesta del diablo al Señor Jesús en la primera tentación: convertir fácilmente piedras en pan. Por ello el Señor habla del “pan”, pero “nuestro”; es decir, no para beneficio egoísta sino colectivo; y habla de “de cada día”, y no “de toda la vida”, porque no debemos cejar en la petición humilde al Señor por las necesidades que van apareciendo día a día, sin caer en la tentación de anhelar recibir tanto, que ya no necesitemos depender en adelante de la misericordia del Señor; y habla de “dánoslo hoy”, porque debemos desarrollar confianza y dependencia del Señor día a día, en lo concerniente a lo material, físico y económico. “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3).

 

2.2. PERDÓN: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mateo 6:12).

 

La mayoría de los estudiosos de la psiquis del ser humano, es decir, estudiosos del alma (Intelecto, emociones, voluntad), coinciden en que uno de los más devastadores sentimientos que le puedan embargar al hombre, es el de “la culpa”. Sea esta consciente o inconsciente, sea real o ficticia, la culpa, ciertamente, limita, debilita, enferma y anula, porque implica necesariamente desarrollar un proceso profundo de auto descalificación, de auto rechazo, y de temor paralizante. Esto, porque el ser humano tiene labrado en su alma, por diseño divino, el maravilloso principio del “sembrar y cosechar”, del “dar y recibir”, del “actuar y ser correspondido”, de la “acción y la reacción”.

 

Así las cosas, es de vital importancia limpiar nuestras conciencias, para que podamos utilizar al máximo todo el potencial con que Dios nos dotó, de tal manera que haya amplias posibilidades de éxito y felicidad, las cuales son naturalmente buscadas por el hombre cada día. Para ello, también naturalmente, se requiere que se desarrollen procesos de profunda limpieza, a partir de los cuales se puedan trazar propósitos de vida sanos y proyectivos.

 

Porque, ciertamente, el cuerpo genera desechos despreciables y estorbosos que cada día requieren ser removidos con prontitud, porque impiden la vida plena; el espíritu requiere incesante fortaleza y protección, porque tiene un enemigo implacable que propende incesantemente por su debilidad y su frialdad; y el alma requiere limpieza efectiva, porque muy a menudo se inclina hacia lo erróneo e impuro, necesitando permanentemente corrección y ajuste de dirección.

 

El alma, entonces, clama con preocupación y premura, ser libre del estorboso peso de la culpa, para poder volar a las alturas que le tiene asignadas el Altísimo Creador. Para ello, es necesario empezar por entender que la culpa tiene su origen en la tendencia adánica a violar la voluntad de su Diseñador y Creador; y que satanás, “el maligno” de nuestras almas, experto en acusar y eliminar, aprovecha esta herencia para cumplir su cometido, debilitando y robando toda posibilidad de éxito y felicidad que el ser humano tanto requiere.

 

Dicha voluntad divina, está claramente consignada en el sin igual manual llamado “La Santa Biblia”. Así, todo lo creado, y especialmente los seres humanos, con su expectativa de funcionamiento armónico y dinámico, requieren de ese manual, que traza leyes inteligentes e infalibles que garantizan su protección y su proyección, máxime cuando somos imagen y semejanza del autor de ese manual.

 

Allí, en ese inequívoco manual, Dios, el Creador de nuestras almas, demanda que nos ejercitemos, día a día y cuando fuere necesario, en la práctica de la confesión espiritual, para que efectivamente sea desterrada de nuestras almas la horrenda culpa. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Recordemos que “confesar” es “ponerse de acuerdo con Dios”; Es decir, aceptar delante de Dios, que hemos violado su santa voluntad expresada específicamente en su palabra, y que nos duele y nos arrepentimos de esa actitud y actos.

 

Observemos también en el modelo divino, que el Señor advierte que el perdón requiere del cumplimiento de una ineludible condición: Que para ser debidamente perdonados, debemos perdonar, a su vez, a quienes nos han ofendido. “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. (Mateo 6:14,15).

 

2.3. PROTECCIÓN: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mt. 6:13a).

 

La sagrada escritura y la lógica, nos dictan claramente, que existen dos reinos: El del bien y el del mal, el de la luz y el de las tinieblas, el de Dios y el del diablo (Mateo 4: 1–11). El uno edifica, y el otro destruye; el uno es la verdad, el otro engaña; el uno vivifica y el otro, mata; el uno es positivo y el otro es negativo. Ambos luchan a muerte, y el ser humano es la meta a conquistar.

 

Por lo tanto, necesitamos alinearnos con seguridad, bajo las reglas del positivo, para ser guardados del negativo, porque ambos son muy poderosos, superiores ciertamente a cualquier ser humano, pero “el positivo”, superior de lejos al negativo. “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5.8).

 

Así las cosas, el modelo perfecto de la oración diaria, nos insta a que pidamos cada día por ser guardados de la tentación y del mismo mal, que generalmente provienen del maligno.

 

3. PROCLAMACIÓN: “porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6:13b).

 

¿Porqué debemos pedirle solo a Dios, el Padre – Rey, los tres esenciales de la vida: Provisión, Perdón y Protección? R/ Porque solo de él es el reino, no del maligno; sólo él tiene el poder para perdonar pecados, no la religión o la buena intención; y sólo él debe recibir la gloria, porque es el único que puede proveer y sostener la vida sobre la tierra.

 

Así, según el modelo de oración del Señor Jesús, nunca debemos perder de vista, y por el contrario, siempre proclamar en oración, que, primero, el reino más poderoso no es el del maligno, sino el de Dios, el Padre y Rey eterno; segundo, que nada ni nadie tiene el poder para perdonar la deuda del pecado con el Señor, sino él mismo quien fue el ofendido; y, tercero, que la vida, aunque parezca lo contrario, solo la sostiene y la preserva el mismo Creador, por eso solo de él es la gloria. Amén.

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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