¿Cuál es la segura evidencia de la llenura del Espíritu? Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Junio 26 del 2018

 

En Mateo 7: 16, el Señor dijo: “Por sus frutos los conoceréis”. Y también dijo: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mateo 4: 19). Y en medio de la presentación del Espíritu Santo, él dijo: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15: 8).

 

Sin duda, la evidencia de la llenura del Espíritu en el cristiano es el o los frutos. Notemos que no dice: “Por los dones los conoceréis”, sino “por los frutos los conoceréis”. La evidencia no es algo expresamente sobrenatural o fuera de lo común, o espectacular, sino la consecuencial y natural: “pesca hombres”. Recordemos que milagros o manifestaciones espectaculares tienen todas las religiones, inclusive las que no son cristianas. La pregunta es, entonces, ¿Cuál o cuáles son los frutos que no pueden faltar? Veámoslos.

 

Empecemos por recordar que el fruto de cualquier planta, de la vid por ejemplo, que es el que usa Jesús para referirse a su iglesia, tiene dos partes esenciales: Pulpa y semilla. Cuando la vid es saludable y tiene suficiente savia (Espíritu), sus ramas, es decir sus miembros, producen frutos abundantes y sanos, con buena pulpa y semilla.

 

- La pulpa.

La pulpa es para alimentar. En el caso del creyente la pulpa es su vida que se va transformando, por la obediencia, conforme a la imagen del Señor Jesús. El cristiano que se sujeta a la voluntad de Dios, exalta (alimenta) su gloria, porque no ignora su reino y autoridad, sino que lo hace vigente y soberano en cada momento de su vida. Un cristiano carnal, no alimenta la gloria de Dios, su vida es un anti - testimonio, es rebelde, desobediente e independiente, debilitando el Reino de Dios; Porque vive como si Dios no existiera o no fuera el Rey y el Señor, su vida desvirtúa el Reino y lo degrada.

 

Un cristiano lleno del Espíritu, ama la sagrada escritura, la obedece, ora, se congrega, ama a los hermanos, y le nace un anhelo de servicio en la iglesia del Señor, precisamente a través del ejercicio de los Dones. De esta manera su vida va adquiriendo visos cada vez más claros del mismo carácter y de la misma personalidad de Jesús: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5: 22, 23). Este es el “Ser” del cristiano.

 

En resumen, el cristiano lleno del Espíritu, impacta al mundo, instándolo con su testimonio vivido a seguir también los caminos del Señorío de Jesús. El “Ser” del cristiano comienza a identificarse con los “Yo Soy” de Jesús. Su vida, sus principios, sus valores y sus prioridades son definitivamente muy diferentes a los de la mayoría mundana. (Mateo 5:14–16).

 

- La semilla.

La semilla es para reproducir. En el caso del creyente son las vidas que se transforman, por su testimonio verbal, conforme a la misión del Señor Jesús. (Lucas 19.10; 1 Juan 2.6).

 

El “Hacer” del cristiano comienza a identificarse con el “Yo he venido a buscar y salvar lo que se ha perdido” (Lucas 19: 10). El cristiano lleno del Espíritu da testimonio verbal del señorío de Jesús. Antes de ser cristiano, o cuando se alinea con un estado de cristiano carnal o mundano, no anhela testificar; Pero cuando aprende a vivir lleno del Espíritu, se siente impelido a testificar verbalmente, presentando a Jesús en el medio que lo rodea de una manera natural.

 

Un cristiano lleno del Espíritu se preocupa porque su familia, sus amigos y conocidos, y hasta los desconocidos, se conviertan al señorío y a la salvación en Cristo Jesús. El Espíritu gime dentro del cristiano por la salvación del mundo, a través de la glorificación del nombre de Jesús en sus labios. La misión del Espíritu Santo es la de convencer al mundo y convertir a Jesús en Rey único y soberano, involucrando en su Reino al mayor número de personas bajo su señorío y autoridad. Ciertamente, el Espíritu Santo nunca deja de vibrar en los corazones de los verdaderos cristianos llenos de él, para que ayuden en su gran misión. Y el Espíritu Santo no tiene otra boca y otros pies que los del cristiano genuino. Así lo estableció el Señor.

 

Jesús lo prometió después de resucitar: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobro vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos, en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1: 8).

 

“Jerusalén”: La familia bajo el mismo techo. (Donde es bien conocido).

“Toda Judea”: El resto de su familia extendida. (Jerusalén está en Judea).

“En Samaria”: Los amigos, y conocidos. Compañeros, colegas, jefes, subalternos. Los samaritanos eran lejanos pero bien conocidos por los judíos, puesto que habían salido del seno israelí; tenían muchas cosas en común. “Lo último de la tierra”: Los desconocidos. Testimonio a toda persona que se acerque. No se necesita ser enviado(a) de misionero(a) a otro país o región, se requiere ser responsable por los desconocidos que nos rodean.

 

Jesús lo dejó bien claro: el Espíritu Santo está totalmente involucrado con el testimonio del señorío y la salvación en Cristo. “El dará testimonio de mí”.

 

Debemos recordar que el Espíritu vino en “Pentecostés”, que es la fiesta de las cosechas. ¿Por qué? Porque su llenura, tiene que ver necesariamente con multiplicación, con expansión del reino, con testimonio verbal, con evangelización, con discipulado como un modo de vida.

 

Por eso la vida transformada, la evangelización y el discipulado, son las verdaderas evidencias de la presencia y el control (llenura) del Espíritu Santo en el cristiano. Si un cristiano no testifica con su vida y con sus palabras acerca de Jesús y de su salvación, y no tiene discípulos, de manera natural, así cante o baile, o brinque, no está lleno del Espíritu, simplemente está peligrosamente enajenado o tristemente engañado.

 

La iglesia del primer siglo había entendido esto perfectamente, y transformó totalmente al imperio romano, porque toda su membresía testificaba a diestra y a siniestra como un modo de vida. Hasta sus miembros más modestos hablaban del Señorío de Jesús de manera natural (Hechos 8:1,4).

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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