La Gratitud y la Alabanza Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Agosto 6 del 2018

 

 

Hay pocas actitudes que produzcan más tristeza y dolor en los padres de una persona, que su ingratitud y su irrespeto. Y hay pocas actitudes y obras que le produzcan más alegría y satisfacción a los padres de una persona, que su gratitud y su reconocimiento. Jehová Dios, antes que cualquiera otra cosa, es el Padre de los creyentes cristianos ("Padre nuestro que estás en los cielos"), y ciertamente una de las prácticas

espirituales que le facilitan más su benefactor accionar momento a momento, es la gratitud y la alabanza hacia él. “Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones” (Salmo 100: 4). Además dice el apóstol Pablo: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5: 18).

 

De todos es conocido que una persona desagradecida e indebidamente auto-exaltada, es una persona endurecida y normalmente fracasada, pero una persona agradecida y con la suficiente humildad para reconocer las bondades y los logros de otros, es una persona iluminada y con permanentes oportunidades de avanzar y crecer.

 

De la misma manera, en el área espiritual, el creyente agradecido, que mira la vida como dicen los conferencistas de superación personal, “como un vaso medio lleno” y no “como un vaso medio vacío”, es un creyente que goza del beneplácito de Dios, y digno de ser oído y de ser permanentemente enriquecido con nuevas oportunidades y respuestas.

 

La gratitud permanente al Señor, como un hábito de vida, le permite al creyente entrar a cada momento a su recinto íntimo, y beber de lo mejor del Altísimo; porque, sin lugar a dudas, no hay terapia espiritual más efectiva, para vivir en salud y en fortaleza, que la de la gratitud y el reconocimiento de la bondad de Dios en cada detalle de la vida diaria. El apóstol lo demanda así a los creyentes de las iglesias de Colosas, de Filipo, y de Éfeso: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3: 17). Noten, la gratitud debe hacerse a Dios el Padre en el nombre del Señor Jesús.

 

Y Pablo sigue: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4: 6,7). Noten, la gratitud trae paz de Dios al corazón, y protección de las emociones, los sentimientos y los pensamientos del agradecido.

 

Ahora, Pablo hace más trascendental la práctica de la gratitud: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5: 18 – 20). Noten, somos llenos del Espíritu, hablando con Salmos, cantando al Señor en el corazón, y agradeciendo siempre y por todo a Dios el Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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La Gratitud y la Alabanza Por el Pastor, Justo Román Acero R.
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