Jesús presenta al Espíritu Santo - Parte 2 Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Mayo 15 del 2018

 

10. Jesús sigue diciendo: “El Padre lo envía en mi nombre”. El Padre lo envía en perfecta representación de su Hijo Jesús; Porque después de la resurrección, Jesús está a la derecha del Padre. Así que cuando recibimos a Jesucristo en el corazón, a quien recibimos es al Espíritu de Verdad, al Espíritu de Cristo, al Espíritu Santo de Dios (1 Corintios 3:16).

 

11. Observemos en este versículo que la obra del Espíritu Santo en el cristiano es doble: “enseñar” y “recordar”. Ambas tienen que ver con la verdad, es decir con la palabra del Señor. La primera labor, “Enseñar”, tiene que ver con la correcta interpretación del pensamiento de Jesús expresado en la Sagrada Escritura. La segunda, “Recordar”, tiene que ver con la obediencia y la aplicación práctica de su palabra en el diario vivir del cristiano. Estas facultades de “enseñar y recordar”, son propias de una persona, que se requiere que piense, que sienta y que decida. Jesús da por sentado, en este versículo, que el Espíritu Santo no es una energía, sino una persona, “Maestra” por excelencia.

 

12. Ciertamente, en el único lugar en donde está escrito todo lo que Jesús dijo, es en la Biblia, y más concretamente en los evangelios; no es en concilios o declaraciones religiosas. Y esta escritura, que es la verdad misma, y que contiene al Verbo encarnado – Jesús, fue precisamente inspirada en su totalidad por el Espíritu de Verdad. Por lo tanto, el Espíritu Santo, enseñará y recordará únicamente toda la palabra del Señor Jesucristo, predicha en el Antiguo testamento, descrita en los evangelios, y explicada de manera única por el apóstol Pablo. Porque, “Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargûir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”(II Timoteo 3:16,17). Concluimos, pues, que el Espíritu de Verdad nada inspira fuera o diferente a lo que está escrito en la Biblia, que es la final y total palabra de Dios; Y que su guía y dirección desde el corazón del creyente, está también ordenada conforme a la estricta palabra del Señor expresada en la Biblia. Esta verdad revela que sin Biblia no hay cristianismo, y cristianismo sin Biblia es una farsa. “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31, 32). El Espíritu de Verdad no habla cosas imaginarias y momentáneas en el oído del creyente, sino que le guía seguramente a través de la lectura, la meditación, la correcta interpretación y la aplicación de la sagrada escritura, momento a momento (Salmo 1: 1–3).

 

Jesús continúa: Juan 15: 26, 27: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio”.

 

13. El divino Consolador, el Espíritu de Verdad, que tanto necesitamos los cristianos, lo envía también Jesús de parte del Padre, ya que procede del Padre. Es decir, indistintamente lo envía el Padre (14: 26), o lo envía el Hijo (15: 26). Al fin y al cabo son uno solo. Son la perfecta trinidad.

 

14. Si bien, las labores básicas del Espíritu Santo son enseñar y recordar la Palabra del Señor a los creyentes, observemos en el versículo que el fin último de su misión, es “testificar de Jesús” en todas las esferas y circunstancias de la vida. El Hijo testifica del Padre, y el Espíritu Santo testifica del Hijo. Hay que recordar que el “Pentecostés” es precisamente la fiesta donde se celebran las cosechas, los frutos, la multiplicación y la abundancia. Es para esto, esencialmente, que el Espíritu Santo vino a los creyentes a partir de dicha fiesta, pues su misión tiene que ver con la multiplicación, con la expansión por el mundo del buen nombre de Jesús, dando a conocer su eficaz y exclusiva labor salvadora.

 

15. Consideremos que el Espíritu de Verdad, a partir de Pentecostés, habita únicamente en el corazón del creyente (I Corintios 3: 16; 6: 19), no en un templo como en el A.T., por tanto, una de las consecuencias naturales de la presencia del Espíritu de Verdad en el creyente cristiano, es testificar acerca de la Verdad, es decir acerca de Cristo Jesús y su palabra. Así las cosas, el creyente es, antes que cualquier otra cosa, un “testificador” de Jesús; ¿Porqué? Porque el Espíritu de Verdad no tiene otra boca y otros pies que los del creyente cristiano.

 

Jesús termina diciendo en el v. 27 que el cristiano está con Él, es decir, con su Espíritu de Verdad, “desde el principio”, desde el momento de su conversión. Así, cuando una persona es genuinamente convertida, necesariamente testifica de Jesús con su vida y con sus palabras en el mundo que lo circunda.

 

16. Con entera congruencia, se puede afirmar que la gran señal de la presencia del Espíritu Santo en un cristiano, no es la alabanza musical, ni las manifestaciones extraordinarias o sobrenaturales, sino la humilde confianza en Jesús como un modo de vida, y el humilde testimonio de Jesús en el medio que le rodea. Por eso el Señor se levanta de la tumba para ordenar al cristiano: “ID” a todas las naciones a hacer discípulos; Léase, hacer seguidores disciplinados de Jesús. ¿Por qué? Porque todo convertido genuino ha recibido la dotación perfecta de parte de Dios, el Espíritu de Verdad, en su corazón, para hacer lo que Jesús hacía y anhela seguir haciendo: “Buscar y salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos …” (Hechos 1:8).

 

Se puede afirmar sin ningún temor al equívoco, que si alguien se dice “cristiano”, y no anhela testificar de Jesús en el mundo, y jamás llega a hacerlo de manera natural, seguramente no se ha convertido de verdad, o vive en triste pobreza espiritual. Porque testificar de Jesús con la vida y con las palabras, no es un don especial, es un privilegio de aplicación espontánea que el Espíritu Santo le concede al creyente. “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7: 16). Hay que recordar que el fruto no solo tiene pulpa que alimenta, sino también tiene semilla, y la semilla es para reproducirse.

 

NOTA: El testificar del señorío y de la salvación en Jesucristo, no implica el ejercicio de un don especial, sino que implica la humilde obediencia a un mandato divino. Los dones son selectivos, los mandatos nos incluyen a todos. El don de “evangelista” de Efesios 4:11, hace referencia a un llamado especial a siervos especiales, quienes capacitan y ayudan a la iglesia universal a cumplir su responsabilidad evangelista.

 

Ahora, Jesús es categórico: Juan 16: 7 “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”.

 

17. La gran verdad, dice Jesús, es que es mayor privilegio tener al Espíritu de Dios “en”, a partir de Pentecostés, que “con”, antes de Pentecostés, como lo tenían los apóstoles. Y eso sólo era posible, si él partía. Porque Jesús y el Consolador, son uno sólo, pero dos personas distintas. De esta forma, y a partir de Pentecostés, el creyente, en cuanto recibe a Jesús, como su único Señor y como su único Salvador, a quien recibe en su corazón, es a su Espíritu de Verdad, es decir al Espíritu Santo, ya que Jesús, después de resucitar, permanece sentado a la derecha del Padre (Efesios 1: 20).

 

18. Lo anterior hace falso afirmar que: “Primero se recibe a Jesús en el corazón, y luego se necesita recibir a su Espíritu Santo”. Esto facilitaría la intromisión e intervención humanas, creando un procedimiento de dignidad carnal por parte de quien supuestamente suministra al Espíritu Santo.

 

19. Recordemos que quien envía y suministra el Espíritu Santo, es directamente el Padre y/o el Hijo; Y que los relatos de suministración por imposición de manos, en el libro de Hechos, no son base para postulados doctrinales definitivos, porque, primero, Hechos no es un libro doctrinal, sino de relatos testimoniales, por lo tanto circunstanciales y relativos, como por ejemplo los eventos que rodearon la dramática conversión de Pablo; Segundo, este tipo de ministración no está descrito ni por Jesús ni por las cartas del apóstol Pablo; Y, tercero, porque dichos relatos hacen referencia inequívoca a una experiencia de inicio testimonial, para los tres grupos de consideración espiritual judía: Los judíos, los gentiles, y los híbridos samaritanos.

 

20. Todo lo anterior nos permite concluir de manera contundente lo siguiente: Los eventos que rodearon el advenimiento del Espíritu Santo en cada uno de los grupos convencionales de la Sagrada Escritura, son irrepetibles. Y sus manifestaciones sensoriales y dramáticas en el primer siglo, lo que hacen es marcar el inicio inequívoco, histórico e indetenible, de la iglesia cristiana en el mundo. Ciertamente lo que nos convierte, posterior a esos eventos, es “la onda” expansiva de pentecostés para los judíos, y la onda expansiva del derramamiento dramático del Espíritu Santo en el gentil Cornelio y su familia, y que se va expandiendo en la medida en que testificamos del señorío de Jesús en el mundo (Juan 16: 8 – 11).

 

Ahora, Jesús detalla la misión del Espíritu Santo: Juan 16: 8 – 11: “Y cuando él (el Consolador) venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

 

21. El término “mundo”, hace referencia a la imperante masa de no creyentes que se encuentran separados, que provienen del caído y muerto Adán, y que pululan en muerte espiritual en la tierra. ¿Cómo recibe el desesperanzado hombre, la salvación espiritual? R/ Solo a través del ministerio del divino Consolador, quien, por el testimonio que da de Jesús, restaura, santifica y libera. Este procedimiento lo aplica el Consolador mediante la sobrenatural generación de una profunda "convicción” personal, de que Jesús es la Verdad misma, y por lo tanto el único Salvador y el único Señor confiable.

 

22. Así, el Consolador convence al mundo de “Pecado”, por cuanto no creen en Jesús como su único Salvador. Este “Pecado” hace referencia al llamado “Pecado original”. Pecado que significó la total ruptura entre Dios y el hombre, y que dejó a este último en absoluta incapacidad y en definitiva muerte espiritual. “Porque la paga del pecado es la muerte” (Romanos 6: 23a). El Consolador, entonces, convence al individuo de que está irremisiblemente separado, lo convence de que este es el origen de su inmanejable tendencia al mal y a la maldad, y de que sólo por la fe en la muerte de Jesús, puede ser restaurado, y abrigar la segura esperanza de volver a vivir y ser así un hijo de Dios.

 

23. El Consolador convence al militante del mundo de que no es lo que él haga orgullosamente para comprar su salvación, lo que le agrada a Dios, porque esto es falsa piedad religiosa, sino que es lo que Dios hace en favor de él, en la persona de Jesucristo, lo que le provee restauración. Así, el Consolador lo convence de que lo único que debe hacer, es aceptar con humilde fe el señorío y la salvación de Jesús, apropiando su sacrificio, para que vuelva a vivir espiritualmente para Dios. Esto es lo que Jesús llama “nacer de nuevo” en Juan 3: 6, 7.

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

Comparte Esta Meditación

Copyright  © 2018

+057 (2) 556 3265

Cra. 26 # 3-53 San Fernando, Cali-Colombia

Jesús presenta al Espíritu Santo - Parte 2 Por el Pastor, Justo Román Acero R.
Jesús presenta al Espíritu Santo - Parte 2 Por el Pastor, Justo Román Acero R.