La correcta decisión Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Agosto 21 del 2018

 

En cada momento de nuestra existencia en este mundo, nos vemos avocados a tomar partido por uno de los dos reinos que rigen el universo: el de la luz de Dios, o el de las tinieblas del maligno. Porque ciertamente, el corazón del ser humano, después de la caída adánica, es un tinglado en donde combaten a muerte las fuerzas del bien y del mal, generando un conflicto inmanejable que solo lo puede dirimir exitosamente el Señor

 

Jesucristo mediante la presencia de su Espíritu Santo, quien en oración, actúa de acuerdo a nuestro conocimiento y decisión.

 

Así, el apóstol Pablo describe la vida cristiana como “Una lucha a muerte” contra fuerza espirituales poderosas: Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Pablo, pues, contradice implícitamente, aquella posición que asumen algunos creyentes, afirmando que la vida cristiana es solo regocijo, manifestación poderosa, y victoria fácil. Lo que no reconocen fallidamente es que esa es solo la mitad de la verdad, porque la sagrada escritura revela que no debemos omitir la otra cara de la moneda, que implica lucha, dedicación y hasta sufrimiento.

 

El Señor Jesús lo dijo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Dijo además: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23). De esta forma, es imposible “Andar en el Espíritu”, como el Señor quiere que vivamos la vida cristiana, si no entendemos que como creyentes, tenemos la trascendente responsabilidad de librar una lucha espiritual momento a momento, tomando decisiones que combatan y destruyan los deseos de las fuerzas del mal, que intentan por todos los medios obstaculizar y si fuere posible destruir el reino de Dios en nuestras vidas y en la tierra. Esto implica, sin lugar a dudas, aflicción y decisión.

 

Por otra parte, la sagrada escritura relaciona y describe así a los tres instrumentos del reino del mal, que nos atosigan día y noche: Uno interno, que es “La carne”, o naturaleza espiritual caída y adánica; “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; …..” (Gálatas 5:16,17; 6:8).

 

El segundo, externo, llamado “El mundo”, o sistema social regente, pecaminoso y egolátrico; “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre” (1 Juan 2: 15–17).

 

Y el tercer instrumento del reino de las tinieblas, es precisamente “el diablo”. El apóstol Pedro lo describe así: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). La experiencia del Señor Jesucristo lo reconfirma: él tuvo que combatir al maligno con la verdad de la palabra, sin que le hubiera sido fácil, sino que lo venció desplegando todo el poder del Espíritu Santo, de tal manera, que aún los ángeles vinieron y le servían después de su gran victoria (Mateo 4: 1–11).

 

Todo este preocupante panorama, nos lleva a la inequívoca conclusión, de que si queremos “andar en el Espíritu”, como es la voluntad de Dios para el creyente cristiano, debemos estar muy apercibidos de la inminente tentación, y muy decididos a rechazarlas con todas nuestras fuerzas, y en el poder del Espíritu Santo. “No os ha os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

 

Permitamos que sea el apóstol Santiago quien concluya este punto: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la pruebas, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Santiago 1: 12–14).

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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