Las Diferencias Individuales Nunca se Deben Perder de Vista Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Diciembre 19 del 2017

 

 

El apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, afirma que el hombre y la mujer, aunque son igualmente dignos de la salvación y del galardón eterno, son diferentes en cuanto al diseño y funcionalidad en la tierra; y que del respeto a esas diferencias, dependerá que el hombre sea oído en los cielos: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”

(1 P. 3: 7).

 

Por lo tanto: El hombre no debe pretender que su mujer sea como un hombre; ni la mujer debe pretender que su marido sea como una mujer. Dios los hizo diferentes, pero definitivamente complementarios. Ambos necesitados y dignos de la salvación y la gloria, pero dotados y asignados de diferente manera.

 

Sin embargo, Dios demanda unidad en medio de la diversidad, como condición para la entera bendición de la pareja. ¿Porque? Porque la perfecta imagen y semejanza de Dios en la tierra, se da solo cuando un hombre y una mujer, se encuentran perfectamente unidos (Gn. 1: 26, 27). De hecho, el hombre encarna la esencial función de Dios como Padre; La mujer encarna la esencial función de Dios como Espíritu Santo; y los hijos encarnan la esencial función de Dios como El Verbo. La familia es ciertamente el reflejo del Dios Trino en la tierra. Amén de reconocer que el hombre es un ser básicamente lógico-racional (mente proyectiva de Dios), y la mujer un ser básicamente emocional (corazón sensitivo de Dios).

 

El mismo Dios Creador concluye que el hombre no fue diseñado para estar solo (Gn. 2: 18). No hay felicidad ni equilibrio en un hombre solo. Para ser feliz y exitoso, el hombre necesita unirse, primeramente con una buena madre, y luego con una buena esposa (primero la una, y luego la otra). De la misma manera, la mujer depende, en gran medida, del tipo de papá y del tipo de esposo que tenga, para ser completamente equilibrada y feliz.

 

Cuando el hombre cree que es igual a la mujer, pierde la visión, y termina amanerado y sumido en lo intrascendente. Cuando la mujer cree que es igual al hombre, pierde la belleza de la vida, y termina frustrada y sumida en lo inútil. Los dos se extravían en propósitos oscuros y auto-destructores.

 

Entonces, ¿Cuáles son esas diferencias?:

 

El verbo que mejor define el pensamiento de Dios respecto al hombre (el varón), es “SEÑOREAR”. Dios lo creó con esta necesidad apremiante. El ejercicio de esta inclinación divina, es lo que lo lleva a su máxima capacidad y realización, porque él es reflejo de Dios, como Padre y Señor. Ese es su más fuerte desafío y responsabilidad en su corazón. Por diseño y creación original, el varón tiene que ver de manera apremiante con:

 

1. Trabajar en la tierra (generar riqueza) (Gn.2: 15).

2. Adorar a Dios (Gn.2: 16, 17).

3. Asociar equipos productivos (Gn. 2: 18).

4. Investigar en la ciencia (Gn. 2: 19, 20); Pero ninguno de estos propósitos fundamentales puede alcanzarlos solo; necesita indefectiblemente una “Ayuda idónea”; y esa es su esposa (Gn. 2: 21 – 23).

 

El hombre es predominantemente razón, por lo tanto, palabra (Ef. 5: 25, 26).

La función del hombre es imaginar, proponer y multiplicar. Su visión está ligada al futuro. Su gran necesidad, de acuerdo al diseño divino, es la de ser “señor”, es decir, ser conquistador, engendrador, fundador, creador y gobernador. En resumen, es ser cabeza

(Efesios 5: 23, 24). Su instrumento es la creatividad a través de la lógica y la palabra concreta.

 

Por su lado, el verbo que mejor define el pensamiento de Dios respecto a la mujer es “AYUDAR”. Ayudar no es inferior a señorear. La grandeza de Jesús y su trascendencia, dependió de su gran capacidad de “ayudar” o “servir” al ser humano

(Lc. 22: 27; Jn. 13: 3 – 17). La mujer es la única y perfecta ayuda para que el hombre pueda cumplir con las grandes encomiendas que Dios le hace, para que la tierra y su familia puedan ser bendecidas en toda su plenitud. La mujer es predominantemente emoción. Su función es acompañar, inspirar y apoyar. Su visión está ligada al pasado. Su gran necesidad, de acuerdo al diseño divino, es la de ser “guiada y comprendida”. Su instrumento es la memoria a través del recuerdo y la sensación experimentada.

 

Conclusiones:

 

1. Dios es el que da la “ayuda idónea” según Gn. 2: 21 y Pr. 18: 22. Por lo tanto, la felicidad y bendición dependen de la aceptación de las diferencias y las responsabilidades diferenciales que estas implican. Una vez que Dios la provee, los dos deben aceptar sus propósitos individuales, y sus propósitos como pareja. Deben asumir la perfecta voluntad de Dios con gozo y con paz, porque Dios no se equivoca en su eterna sabiduría. “La (el) que tienes ahora es la (el) que Dios te dio” (1 Cor. 7: 18 – 20).

 

2. Dios saca la “ayuda idónea”, del hombre. El hombre es “X” y “Y” (Gn. 2: 21, 22). Dios hace “Una para Uno”; Ese es el plan perfecto de Dios; La poligamia es enfermiza, y personal y socialmente, destructiva (Mc.10: 2 – 12 “Adulterio”). Por lo tanto, para que haya bendición divina y felicidad, se deben hacer votos o compromisos que sean perennes, y que salgan del corazón y de la boca de aquel que es llamado a señorear, es decir del varón. Delante de Dios, el varón debe expresar verbal y públicamente su pacto de amor definitivo, con toda libertad y sinceridad. En Gn. 2: 23 – 24, Dios toma los votos de compromiso solamente al varón. Porque si el varón, señor y generador de la vida, no propone y no se compromete, no hay posibilidad de imagen y gloria de Dios; Tampoco de bendición y felicidad.

 

3.Dios hace al hombre y a la mujer, diferentes, pero definitivamente complementarios. (Gn. 1: 26, 27; 2: 15 – 25) (1 P. 3: 7):

 

Función del hombre: Imaginar, Proponer y multiplicar.

* Función de la mujer: Inspirar, acompañar y apoyar.

* Visión del hombre: Proyectiva y futurista.

* Visión de la mujer: Correctiva e histórica.

* Necesidad esencial del hombre: Ser señor, cabeza y fundador.

* Necesidad esencial de la mujer: Ser comprendida, protegida y valorada.

* Instrumento característico del hombre: La creatividad.

* Instrumento característico de la mujer: La memoria.

 

4.Tanto el hombre como la mujer son solamente bendecidos y felices en la medida en que sus funciones, visiones, necesidades e instrumentos, estén direccionados de acuerdo al plan de Dios. Los dos son responsables ante el Señor de vivir de acuerdo al diseño divino, y de suplir a cabalidad los respectivos requerimientos de sus cónyuges.

 

El hombre y la mujer son como las dos partes fundamentales de una mesa: cubierta y soportes. Si falta una de ellas, impide que sea mesa. Son diferentes pero complementarios. ¿Cuál es la más importante? ¿Qué pasa si los soportes quieren ser cubierta, y viceversa? Iguales son inútiles.

 

Ejercicio 3: ¿Qué me falta para reflejar perfectamente el modelo bíblico? ¿Qué creo que le falta a mi cónyuge?

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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