Sean llenos del Espíritu Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Abril 30 del 2018

 

Toda la revelación de Dios en la Sagrada Escritura, página por página, está encuadrada en la manifestación y hegemonía del Dios Trino. Así, El problema original se suscitó cuando el querubín protector y luego la primera pareja se rebelaron contra la “Soberanía” amorosa del Padre; La salvación llegó, cuando el hombre con humildad y sujeción a la soberanía del Padre, acepta por fe la “gracia” de Dios ofrecida en el sacrificio de su único Hijo Jesucristo; Y la vida abundante de Juan 10:10b, la disfruta el creyente cuando aprende a vivir en la “Comunión” con el Espíritu Santo (Juan 14:16,17). Observemos cómo se despide el apóstol Pablo de la Iglesia de Corinto: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios (el Padre), y la comunión del Espíritu Santo, sean con todos vosotros, Amén” (2 Corintios 13:14). Ciertamente, quien trate de entender la trinidad pierde el juicio, y quien la niegue pierde su alma.

 

Jesús tenía bien claro que la clave de su vida y la del cristiano, estaba en vivir en la comunión con el Espíritu Santo. Así, Juan el Bautista, su gran pregonador y precursor, lo había presentado como quien fundamentalmente bautizaría con el Espíritu Santo a sus seguidores (Marcos 1:8); y la profecía antigua afirmaba, que Dios Padre pondría sobre su siervo a su Espíritu (Isaías 42:1). Y si leemos con cuidado los evangelios, vemos que Jesús siempre estuvo inmerso en la presencia del Espíritu Santo.

 

Veámoslo: Su engendramiento, predicho por el ángel en Lucas 1:35, sería resultado del advenimiento del Espíritu Santo sobre María su madre; Su pública consagración a la salvación del hombre, en su bautizo, fue avalada por la presencia física del Espíritu Santo en forma de paloma (Marcos 1:10); La dirección hacia una vida de victoria sobre la carne, el mundo y el diablo, contó con la presencia activa del Espíritu Santo (Mateo 4:1–11); Y, las diversas liberaciones de los demonios, las hacía, según él, por el Espíritu de Dios (Mateo 12:28). Es tanta la importancia que Jesús le da al Espíritu Santo, tanto en su vida como en la vida del cristiano, que afirma que se debe tener muchísimo cuidado con el Espíritu Santo, porque el pecado contra Él, no es perdonado (Mateo 12:31,32).

 

Así, pues, la vida cristiana, que es absolutamente cristocéntrica, está íntimamente ligada al Espíritu Santo. Prescindir de El o ignorarlo es condenarse a una vida espiritualmente derrotada. Este fue el pensamiento que prevaleció en Jesús a todo lo largo de su ministerio. De esta forma, en Lucas 11:13 Jesús nos anima a pedirle al Padre, en oración, que nos llene con el Espíritu Santo, pues Dios se complace con esta petición: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?. Y después de su muerte y resurrección, Jesús encomendó a los apóstoles: “Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28: 19). Bautizar es sumergir.

 

Es importante, entonces, Interpretar correctamente el mensaje de Jesús en este punto; Y en este propósito, el apóstol Pablo deja claro que aún como cristianos tenemos dos opciones: o vivimos embriagados por el mundo, como lo viene describiendo a lo largo del capítulo 5 de su carta a los efesios, ganándonos la reprensión del Señor como hijos rebeldes (Hebreos 12: 5, 6), o vivimos llenos del Espíritu de Dios, ganándonos el derecho a ser bendecidos en Cristo Jesús. Veamos su requerimiento. “No os embriaguéis con vino en lo cual hay disolución, antes bien sed llenos del Espíritu” (Efesios 5: 18). Porque los cristianos solo podemos vivir en gloriosa vida abundante, en la medida en que aprendamos a mantener la amistad y el control (comunión) del Espíritu Santo en nuestras vidas.

 

Pablo concluye: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5: 16–18, 22–25).

 

¿Porqué los cristianos debemos andar por el Espíritu? R/ Primero, como ya lo vimos, porque Jesús vivió así, y él es nuestra norma; Segundo, porque Jesús lo ordena de manera perentoria; y tercero, porque una de las definiciones de cristiano que podríamos deducir de la Sagrada Escritura, es: Un cristiano es un templo del Espíritu Santo. “¿No sabéis que sois templos de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”; Y, también: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 3:16; 6:19). Es decir, los cristianos no solo tenemos el “querer” bien intencionado, de tipo religioso, sino que tenemos el poder de Dios, dentro de nosotros mismos.

 

Entonces, ¿Porqué muchos cristianos viven vidas cristianas derrotadas y sin fruto? R/ Porque no todos saben andar por el Espíritu; Es decir, no saben vivir llenos del Espíritu Santo. ¿Ha pensado usted, alguna vez, que la vida cristiana es mucho más de lo que hasta ahora ha experimentado? Comencemos por decir que desde el momento de su conversión, todos los cristianos genuinamente convertidos (ver “Meditaciones” uno y dos), tienen al Espíritu Santo en sus vidas (Efesios 1: 13,14); Pero no todos tienen comunión con el Espíritu, es decir, no todos los creyentes están llenos y controlados por el Espíritu Santo de Dios.

 

Así que, respecto al estado frente al Espíritu Santo, hay tres posibles posiciones: Primera, el no creyente cristiano, u “Hombre Natural” de 1 Corintios 2:14, que no tiene al Espíritu Santo, sino al soplo primario de Dios que le permite voluntariamente creer o no creer en el Señor, o poner su fe en cualquier otra cosa o persona diferente a Dios, y diferente a Cristo Jesús como su único mediador (1 Timoteo 2:5). “Porque, ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:11). Este “Espíritu de Dios” es el espíritu que hace al ser humano diferente a los demás seres irracionales que se mueven en la tierra, y que cuando muere la persona, dice Eclesiastés 12:7, vuelve a Dios. Podemos afirmar que “El Espíritu de Dios” es una herramienta divina neutral, que hace a todo ser humano responsable delante de Dios, porque le permite decidir libremente para bien o para mal. Pero no es el Espíritu Santo; porque su presencia y comunión la perdimos en Edén.

 

La segunda posición frente al Espíritu Santo, la tiene el creyente cristiano genuino, que sabe vivir lleno del Él y en plena comunión con Él, es decir en su pleno control, y vive la “Vida abundante” que Jesús ofrece en Juan 10:10b, para todos sus genuinos seguidores. El apóstol Pablo, a su vez, lo llama “Hombre Espiritual”, en 1 Corintios 2:15,16. Porque, según la doctrina de Jesús, el Espíritu Santo solo lo tenemos los genuinos cristianos, ya que vino solo a glorificarlo a él en la tierra. “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16.14). Así, este es el punto que nos interesa desarrollar: Cómo ser llenos del Espíritu Santo, y cómo mantener esa llenura. Al fin de cuentas, este es el gran requerimiento del apóstol Pablo: “no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, antes bien sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18).

 

La tercera posición frente al Espíritu Santo, la tiene el creyente cristiano llamado por el apóstol Pablo, “Carnal”, es decir, descuidado, mundano, irresponsable, pecaminoso, y hasta temerario. Este cristianito, “Niño en cristo”, de 1 Corintios 3:1–3, tiene la presencia del Espíritu Santo, pero lo tiene marginado en su vida, porque hace solo su propia y caprichosa voluntad, no la del Señor expresada en su santa palabra; Por lo tanto, se mantiene en conflictos insolubles consigo mismo, con el prójimo y con la soberanía de Dios su padre. Está en serios problemas espirituales, que le repercutirán en todas las demás área de su vida.

 

Jesús dijo: “El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10: 10). Tal vez, si usted es un cristiano honesto, esté pensando: “La verdad es que mi vida nada tiene de abundante. Sólo tengo dudas, temores, frustración y derrota; Y claro, mi testimonio por el Señor Jesucristo es prácticamente nulo o muy pequeño. ¿Qué será lo que me hace falta?”

 

Le tengo muy buenas noticias. Los cristianos no tenemos por qué vivir en impotencia espiritual. La Palabra de Dios contiene miles de promesas que nos garantizan la experiencia y aventura de “una vida abundante”. Por ejemplo nos promete: Seguridad del amor de Dios (Juan 3:16); Perdón de pecado (I Juan 1: 9); Provisiones materiales (Filipenses 4:19); Dirección en la vida (Salmo 37:23); Oración eficaz (Juan 15:7); Bendición en las dificultades (Romanos 8:28); Fortaleza en la tentación (I Corintios 10:13); Victoria sobre el temor (I Juan 4:18); y miles más. Pero el gran concepto bíblico, es que el cumplimiento y manifestación de todas estas promesas, están relacionados directamente con la llenura del Espíritu Santo por parte del creyente cristiano.

 

Esto fue exactamente lo que le sucedió al apóstol Pedro. A pesar de que conoció a Jesús personalmente, y que había visto la gloria y el poder del Espíritu en Jesús y en el ministerio propio, su vida estaba caracterizada por la cobardía (negó a Jesús tres veces), por la imprudencia y la torpeza (Mateo 16:23); ¿Porqué? Porque solo tenía un contacto ocasional, externo y hasta descuidado con el Espíritu Santo. Pero en cuanto fue lleno del Espíritu Santo en Pentecostés, Pedro se levantó valientemente y predicó con poder y autoridad a tres mil personas en una ocasión y a cinco mil en otra. De su ministerio y el del apóstol Pablo, surgió la iglesia que transformaría al imperio romano desde sus cimientos, y crearía la próspera cultura occidental.

 

¿Qué sabe usted del Espíritu Santo, de su comunión, de su llenura y de su control? El Señor Jesucristo dijo que cuando el Espíritu Santo tomara el control de la vida del cristiano, éste reflejaría su presencia e impactaría positivamente al mundo entero. “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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