¿Porqué el Cristiano Común no Vive Lleno del Espíritu Santo? Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Noviembre 21 del 2017

 

 

El cristiano típico continúa viviendo en desobediencia y por lo tanto de manera derrotada, porque no vive lleno del Espíritu Santo. ¿Porqué no vive lleno del Espíritu Santo?

 

R/ Básicamente por tres razones:

 

 

1. Por falta de conocimiento.

 

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?  (I Corintios 3: 16). “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (I Corintios 6: 19).

 

Se cuenta de una mujer escocesa de edad avanzada que vivía en su pueblo natal en las condiciones de pobreza más extremas. Su hijo había emigrado a América hacía algunos años. Allá, él se había convertido en un próspero hombre de negocios, pero nunca se había tomado el tiempo para volver a su pueblo y visitar a su madre.

 

Una amiga se sentó a hablar con aquella madre ya anciana, en su casita humildemente amoblada. “¿Le envió alguna vez su hijo dinero para ayudarla en sus necesidades?” Le preguntó. “No”, dijo la anciana moviendo la cabeza tristemente. “Sin embargo, me escribe

cartas muy lindas, y me envía unas fotografías muy interesantes”.

 

Su interlocutora estaba muy sorprendida y dolida al enterarse de la dureza de su hijo, a pesar de su éxito económico en América. Entonces, por mera curiosidad, le dijo: ¿Podría ver las fotografías que le envía? Sacándolas de un cajón, la anciana las mostró orgullosa. Para sorpresa de la visitante, estas no eran fotografías; eran billetes bancarios norteamericanos muy valiosos que sumaban miles de dólares.

 

Por décadas, aquella mujer había estado pasando necesidades y viviendo en pobreza. ¿Cuál era el problema? Ella desconocía el valor de “esas fotografías interesantes”. Tenía los legales billetes de banco, pero realmente no los poseía.

 

Cuando usted llega a ser un hijo de Dios por medio de la fe en Cristo, se constituye en heredero de Dios. ¿Lo ha entendido y dimensionado? ¡Todos los recursos de Dios están disponibles para usted! Todo lo que usted necesita, incluyendo misericordia divina, iluminación, sabiduría, amor, gracia, y poder para vivir la vida abundante que el Señor le prometió, está a su disposición, sin paga alguna. ¡Son suyos, le pertenecen! El Señor los compró a un precio muy alto, y se los ha entregado a usted de manera gratuita, para que los use cuando los requiera.

 

 

2. Por falta de fe.

 

La vida cristiana es una vida milagrosa y sobrenatural. El cristianismo no consiste en lo que usted hace por Dios, esto es religión superficial y egocéntrica, sino en lo que Dios hace por usted; esto es gloria de Dios. Sin fe en Jesucristo no se puede llegar a ser cristiano; y sin dependencia por fe en él, momento a momento, es imposible vivir la vida cristiana. Cuando usted está lleno del Espíritu Santo, Cristo vive su vida sobrenatural en y a través de usted.

 

Pero el cristiano puramente nominal no comprende cómo apropiarse por fe de los recursos de la resurrección de Cristo. Como resultado, vive como un cristiano mundano o carnal en dolorosa pobreza espiritual, subiendo y bajando en una interminable “montaña rusa” espiritual, saltando de una experiencia emocional a otra, sin conocer ni experimentar las enormes riquezas y recursos espirituales que son su herencia en Cristo. “Porque sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el se acerca a Dios crea que El existe, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11: 6).

 

Muchos básicamente no creen en la fidelidad de Dios y tienen miedo de ceder el control de sus vidas al Señorío de Jesús en la persona del Espíritu Santo, porque temen que Dios requiera lo imposible de parte de ellos, temen que El podría cambiar sus planes; creen que

les pediría que tal vez dejen sus riquezas, o que dejen sus diversiones, o que los hará soportar tragedias, o algo por el estilo.

 

¿Le parece que esto podría provenir del Padre más amoroso que se pueda concebir? ¿Quién cree que puso esa idea en su mente? Ciertamente no fue Dios. Fue satanás quien, como a Adán y a Eva hace muchos siglos, le dijo: “tú no puedes confiar en Dios, él tiene lo peor para ti. Lo mejor es lo que tú determines. El bien y el mal lo determinas tú”.

 

Pero yo le digo: “usted puede y debe confiar en Dios. De esta confianza depende el tipo de existencia que usted tenga. Dios le ama, y estuvo dispuesto, inclusive, a morir por usted”. Suponga que un hijo suyo le dijera: “Papi, Mami, yo te amo, y por eso he decidido que de ahora en adelante no te desobedeceré más, y por el contrario haré todo lo que me pida”. ¿Cómo respondería usted?

 

Si usted respondiera a la expresión de confianza de su hijo como muchos creen que Dios les respondería cuando rindan sus vidas a El, entonces debería tomar a su hijo por los hombros, mirarlo a los ojos con dureza y decirle con severidad: “He estado esperando esto. De ahora en adelante voy a hacer que te arrepientas de esta decisión el resto de tu vida. Voy a quitarte todo lo que te gusta y te haré hacer lo que detestas. ¡Haré que tu vida sea lo más infeliz posible!

 

Qué opina de esa posibilidad? Es absurdo, cierto? Pues muchísimo más absurdo es creer que Dios, el Padre perfecto, pueda pensar o decidir así. Porque de darse esa actitud en su hijo, usted seguramente le diría algo así: “Yo también te amo, hijo, y aprecio profundamente esta expresión de amor hacia mí. Es el mayor regalo que podrías haberme dado. Quiero que sepas que yo siempre te amaré y que también haré todo lo posible por proveerte de lo mejor que yo pueda”.

 

Dios ha demostrado hasta la saciedad que es un ser lleno de amor, y digno de absoluta confianza. Jesús lo asegura: “Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos dará buenas cosas a los que se las pidan? (Mateo 7: 11). Crea que Dios le ama.

 

Crea que Dios tiene un plan maravilloso para su vida. Crea que Dios tiene el poder para guiar y bendecir su vida si deposita toda su confianza en El. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; por el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (I Juan 4: 18).

 

De aquí en adelante, todo lo que pase en su vida le ayudará a bien (Romanos 8: 28); Aún si Dios quisiera que hagas algo que ahora no te agrade, le dará en su momento satisfacción y expectativa por hacer su perfecta voluntad. Las personas más felices nunca has sido ni son las que tienen todo lo que desearon de este mundo, ni las que alcanzaron gran éxito en sus profesiones, o están en posiciones de influencia, sino aquellas que han aprendido a confiar y a obedecer a Dios sin importar las circunstancias. Levanta al Señor una sentida oración y dígale: “Señor Jesucristo, aquí estoy. Toma mi vida y transfórmala conforme a tu voluntad. Úsame para tu gloria”.

 

 

3. Falta de arrepentimiento.

 

En Romanos 7, Pablo describe la lucha del cristiano mundano o carnal, “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco eso hago…..¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

En I Corintios 3, Pablo describe a un creyente mundano y carnal como aquel que actúa como un no creyente. Aunque el creyente mundano ha recibido a Cristo, él le ha permitido a su naturaleza carnal reclamar el trono de su vida por medio del pecado. Dios es aún dueño de esta persona, y Cristo todavía está en su vida, pero este cristiano ha caído en pecado en una o más áreas de su vida.

 

El creyente carnal, al no estar rendido a Dios por medio de la fe, es una persona infeliz, aún más infeliz que el no cristiano; experimenta un período de estancamiento espiritual, que le impide a su vez apropiar el perdón, apropiar la misericordia y la gracia del Señor, y consecuentemente se ve fácilmente influenciado y hasta controlado por el mundo, por Satanás y por su propia naturaleza pecaminosa impura. Vive sólo por sentimientos, y todo lo que hace está caracterizado por intentos personales fallidos y egoístas, que le impiden confiar plenamente en el señor y confiar en la fiel presencia del Espíritu Santo en su vida.

 

Ya no viva usted en pobreza espiritual auto – impuesta, aprópiese por fe de los recursos espirituales de Dios que ya le pertenecen. Ríndase al Señorío de Jesucristo, arrepiéntase, confiese, apártese, créale y adórele, no se detenga. El le ama, le perdona y le restaura. En cuanto el Espíritu le muestre la santa voluntad del Señor para su vida, como siempre lo hace con el verdadero convertido, reinicie nuevamente con plena certidumbre de fe.

 

Si alguna influencia o tentación llega, rechácela inmediatamente por fe en la autoridad que en Cristo Jesús tiene, arrepiéntase porque el Espíritu Santo le produce esa convicción, confiese al Señor los pecados específicos, considérelos enviados al abismo por Jesús cuando murió, apropie el perdón porque él ya cargó y perdonó en la cruz aún los pecados futuros de los cuales se arrepienta, comprométase a apartarse de las posibles oportunidades de volver a pecar, y continúe disfrutando por fe de la libertad en el Espíritu.

“El que encubre sus pecados, no prosperará; pero el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Proverbios 28: 13).

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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