¿Por qué el cristiano común no permanece en comunión con el Espíritu Santo? Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Junio 12 del 2018

 

El Cristiano típico continúa viviendo en desobediencia y por lo tanto de manera derrotada, porque no se mantiene en comunión con el Espíritu Santo.

 

¿Por qué no vive lleno del Espíritu Santo?

 

R/ Básicamente por tres razones:

 

1. Por falta de conocimiento.

 

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”

(I Corintios 3: 16). “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (I Corintios 6: 19).

 

Se cuenta de una mujer escocesa de edad avanzada que vivía en su pueblo natal en las condiciones de pobreza más extremas. Su hijo había emigrado a América hacía algunos años. Allá, él se había convertido en un próspero hombre de negocios, pero nunca se había tomado el tiempo para volver a su pueblo y visitar a su madre.

 

Una amiga se sentó a hablar con aquella madre ya anciana, en su casita humildemente amoblada. “¿Le envió alguna vez su hijo dinero para ayudarla en sus necesidades?” Le preguntó. “No”, dijo la anciana moviendo la cabeza tristemente. “Sin embargo, me escribe cartas muy lindas, y me envía unas fotografías muy interesantes”.

 

Su interlocutora estaba muy sorprendida y dolida al enterarse de la dureza de su hijo, a pesar de su éxito económico en América. Entonces, por mera curiosidad, le dijo: ¿Podría ver las fotografías que le envía? Sacándolas de un cajón, la anciana las mostró orgullosa. Para sorpresa de la visitante, estas no eran fotografías; eran billetes bancarios norteamericanos muy valiosos que sumaban miles de dólares.

 

Por décadas, aquella mujer había estado pasando necesidades y viviendo en pobreza. ¿Cuál era el problema? Ella desconocía el valor de “esas fotografías interesantes”. Tenía los legales billetes de banco, pero realmente no los poseía.

 

Cuando usted llega a ser un hijo de Dios por medio de la fe en Cristo, se constituye en heredero de Dios. ¿Lo ha entendido en toda su dimensión? ¡Todos los recursos de Dios están disponibles para usted! Todo lo que usted necesita, incluyendo misericordia divina, iluminación, sabiduría, amor, gracia, y poder para vivir la vida abundante que el Señor le prometió, está a su disposición, sin paga alguna. ¡Son suyos, le pertenecen! El Señor los compró a un precio muy alto, y se los ha entregado a usted de manera gratuita, para que los use cuando los requiera.

 

2. Por falta de fe.

 

La vida cristiana es una vida milagrosa y sobrenatural. El cristianismo no consiste en lo que el hombre hace por Dios, esto es religión superficial y egocéntrica, sino en lo que Dios hace por el hombre; esto es verdadera humildad y verdadera gloria de Dios; Porque sin fe en Jesucristo no se puede llegar a ser cristiano; Y sin dependencia por fe en él, momento a momento, es imposible vivir la vida cristiana. Ciertamente, cuando estamos llenos del Espíritu Santo, Cristo vive su vida sobrenatural “en” y “a través” de nosotros los cristianos.

 

Pero el cristiano puramente nominal, no comprende cómo apropiarse por fe de los recursos de la resurrección de Cristo. Como resultado vive como un cristiano mundano o carnal en dolorosa pobreza espiritual, subiendo y bajando en una interminable “montaña rusa” espiritual, saltando de una experiencia emocional a otra, sin conocer ni experimentar las enormes riquezas y recursos espirituales que ha heredado en Cristo. “Porque sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el se acerca a Dios crea que El existe, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11: 6).

 

Muchos básicamente no creen en la fidelidad de Dios, y tienen miedo de ceder el control de sus vidas al Señorío de Jesús en la persona del Espíritu Santo, porque temen que Dios requiera lo imposible de parte de ellos; Temen que él podría cambiar sus planes; Creen que el Señor les pediría que tal vez dejen sus riquezas, o que dejen sus diversiones, o que les hará soportar tragedias, o algo por el estilo.

 

¿Le parece que esto podría provenir del Padre más amoroso que se pueda concebir? ¿Quién cree que puso esa idea en su mente? Ciertamente no fue Dios. Fue satanás quien, como a Adán y a Eva hace muchos siglos, les dijo: “tú no puedes confiar en Dios, él tiene lo peor para ti. Lo mejor es lo que tú determines. El bien y el mal lo determinas tú”. Pero yo le digo, en el nombre de Jesús: “Usted puede y debe confiar totalmente en Dios, porque de esta confianza, depende el tipo de existencia que usted tenga en este mundo. Tenga presente que Dios le ama, y estuvo dispuesto, inclusive, a morir por usted. Él nunca le engañaría, y siempre quiere y puede darle lo mejor para su vida”.

 

Suponga que un hijo suyo le dijera: “Papi, Mami, yo te amo, y por eso he decidido que de ahora en adelante no te desobedeceré más, y por el contrario haré todo lo que me pida”. ¿Cómo respondería usted? Si usted respondiera a la expresión de confianza de su hijo como muchos creen que Dios les respondería cuando rindan sus vidas a El, entonces debería tomar a su hijo por los hombros, mirarlo a los ojos con dureza y decirle con severidad: “He estado esperando esto. De ahora en adelante voy a hacer que te arrepientas de esta decisión el resto de tu vida. Voy a quitarte todo lo que te gusta y te haré hacer lo que detestas. ¡Haré que tu vida sea lo más infeliz posible! ¿Es esto razonable?

 

Qué opina de esa posibilidad? Es absurdo, cierto? Pues muchísimo más absurdo es creer que Dios, el Padre perfecto, pueda pensar o decidir así. Porque de darse esa actitud en su hijo, usted seguramente le diría algo así: “Yo también te amo, hijo, y aprecio profundamente esta expresión de amor hacia mí. Es el mayor regalo que podrías haberme dado. Quiero que sepas que yo siempre te amaré y que también haré todo lo posible por proveerte de lo mejor que yo pueda”.

 

Dios ha demostrado hasta la saciedad que es un ser lleno de amor, y digno de absoluta confianza. Jesús lo asegura: “Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos dará buenas cosas a los que se las pidan? (Mateo 7: 11). Crea que Dios le ama. Crea que Dios tiene un plan maravilloso para su vida. Crea que Dios tiene el poder para guiar y bendecir su vida si deposita toda su confianza en El. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4: 18).

 

De aquí en adelante, todo lo que pase en su vida le ayudará para bien (Romanos 8: 28); Aún si Dios quisiera que haga algo que ahora no te agrade, si usted se dispone, le proveerá la expectativa por hacer su perfecta voluntad, y en su momento la satisfacción y la justa remuneración. Las personas más felices nunca han sido ni son las que tienen todo lo que desearon de este mundo, ni las que alcanzaron gran éxito en sus profesiones, o están en posiciones de influencia, sino aquellas que han aprendido a confiar y a obedecer a Dios sin importar las circunstancias.

 

Levanta al Señor una sentida oración y exprésele lo siguiente: “Señor Jesucristo, aquí estoy en tu presencia. Toma mi vida íntegramente y transfórmala conforme a tu perfecta voluntad. Úsame completamente para tu gloria y guárdame de todo mal. Amén”. Recuerda que el Señor, por respeto y amor, nada hace, a menos que se lo pida.

 

3. Por falta de arrepentimiento.

 

Recordemos que en Romanos 7:15, 24, Pablo describe la lucha del cristiano mundano o carnal, “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco eso hago…..¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

 

Recordemos también que en 1 Corintios 3:1–3, Pablo describe a un creyente mundano y carnal, como aquel cristiano que actúa como un no - creyente. Aunque el creyente mundano ha recibido a Cristo en su corazón, le ha permitido, por medio del pecado, a su vieja naturaleza caída retornar al control de su vida. Jesús es aún el Salvador de esta persona, y Cristo todavía está en su vida, pero este cristiano lo ha relegado, y el pecado se ha vuelto a enseñorear de su vida.

 

¿Qué sucede entonces? R/ El creyente carnal, al no estar rendido a Dios por medio de la fe, es una persona infeliz, aún más infeliz que el no cristiano; experimenta un período de estancamiento espiritual que le impide a su vez apropiar el perdón, apropiar la misericordia y la gracia del Señor, y consecuentemente se ve fácilmente influenciado y hasta controlado por el mundo, por Satanás y por su propia naturaleza pecaminosa. Vive sólo por sentimientos, y todo lo que hace está caracterizado por intentos personales fallidos y egoístas, que le impiden confiar plenamente en el señor y confiar en la fiel presencia del Espíritu Santo en su vida.

 

¿Cuál es la propuesta del Señor? R/ Ya no viva usted en pobreza espiritual auto impuesta. Aprópiese por fe de los recursos espirituales de Dios que ya le pertenecen. Ríndase al Señorío de Jesucristo, arrepiéntase, confiese, apártese, créale, adórele, y no se detenga. Él le ama, y en cuanto usted se arrepienta, él le perdona y le restaura. Después, en cuanto el Espíritu le muestre la santa voluntad del Señor para su vida, como siempre lo hace con el verdadero convertido, reinicie nuevamente la vida cristiana con plena certidumbre de fe.

 

A partir de ahí, si alguna influencia o tentación llega, rechácela inmediatamente por fe en la autoridad que Cristo Jesús le ha dado; Si es el caso, sea sensible al arrepentimiento que el Espíritu Santo le genera en su corazón; Confiese al Señor los pecados específicos, y considérelos perdonados por Jesús cuando él se sacrificó por usted; Apropie el perdón porque él ya cargó y perdonó en la cruz aún los pecados futuros de los cuales se arrepienta; Comprométase a apartarse de las posibles oportunidades de volver a pecar; Y, continúe disfrutando por fe de la libertad en el Espíritu. Recuerda: “El que encubre sus pecados, no prosperará; pero el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Proverbios 28: 13).

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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