¿Qué es la oración? Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Septiembre 4 del 2018

 

1.1. Definición: La oración es el medio por el cual nos comunicamos con Dios, de acuerdo con sus propios principios, pensamientos, forma y estilo, contenidos solo en su palabra, la Santa Biblia.

 

De esta forma, la oración presupone, antes que cualquiera otra cosa, un  serio conocimiento de la voluntad de Dios expresada en su palabra, y un deseo sincero de obedecer esa voluntad divina.

Porque la comunicación con el Eterno Creador, no se origina en la repetición de palabras humanas, sino en el pensamiento, intención y voluntad divinas; Si no fuera así, la oración sería un simple ejercicio mental humano, un lavado cerebral, y un producto de la imaginación y de la enajenación psíquica. El mismo sentido común nos dicta que los hijos de Dios deben dirigirse hacia su Padre solo de acuerdo a Su santa y perfecta voluntad, porque El es quien lo puede y lo sabe todo, no sus hijos.

 

Lo anterior nos permite inferir que sin fe en la palabra, no puede haber oración valedera, sino una humana y enfermiza meditación trascendental. Es decir, la oración sin inspiración escritural, es el camino al reino de las tinieblas del Adán caído, en donde solo hay falsa visión, falsa profecía y falsa revelación. Veámoslo: “Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:20–23);  Y, “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:5,7).

 

Entonces, “La fe es por el oír y el oír por la palabra de Dios” (Romanos 10:17); Además, “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye, y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5: 14, 15). Y la perfecta voluntad de Dios está expresada únicamente en Su palabra escrita: “Los verdaderos cristianos son los que permanecen en mi palabra, porque son los que están en la verdad, y son libres” (Juan 8:31,32).

 

Así las cosas, sin la inspiración primaria de la palabra de Dios, no hay oración de acuerdo al modelo del Señor, sino un peligroso auto-engaño y una palabrería vana que apagan al Espíritu Santo, y dan apertura a manifestaciones solo sensoriales, que aunque puedan parecer espectaculares, no provienen sino de espíritus falsos y engañosos. Porque el mayor deseo de un padre es ser oído, atendido y acatado por sus hijos; y Dios, el Padre perfecto, anhela, con fidelidad, instruir a sus hijos cada día a través de Su palabra; y a su vez, y mediante esta misma palabra, estar atento a sus más sentidas necesidades expresadas correctamente a través de la oración. Él es el Señor.

 

En conclusión, la oración es la más sublime y la más útil actividad del ser humano, mediante la cual, inspirado por el conocimiento y la fe en la palabra de Dios, se comunica con su Creador, en amor, para disfrutar de su gloriosa presencia, y de su incomparable dirección, provisión y protección.

 

1.2. Ampliando: A la luz de la sagrada escritura, por medio de la oración, el cristiano tiene acceso libre y directo a su eterno Padre, quien es el Dios de dioses, Rey de reyes y Señor de señores: “Padre nuestro que estás en los cielos ….”; Y esto, cada día y a cada instante, en cuanto esa oración sea inspirada y promovida por el mismo Dios, a través de su palabra; ya que solo de Él viene lo bueno para el hombre, y mucho más para sus hijos. Así, es Dios, trazando su pensamiento y su voluntad, quien debe hablar primero; después sus hijos deben responder en oración, acorde con la iluminación dada por su Padre. “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, dice el Señor” (Apocalipsis 1:8).

 

A su vez, el Señor Jesús enseñó que la oración es una actividad netamente espiritual, que implica una relación muy íntima entre dos personas que se aman de la manera más pura y verdadera. Por lo tanto, es una actividad que aunque puede hacerse también en público, debe estar revestida del carácter de “secreta”, es decir, desde el corazón: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; …porque ellos oran para ser vistos de los hombres; …Cuando ores, ora a tu Padre que ve en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6: 5, 6). “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres... (Mateo 18:19,20).

 

De esta forma, la oración es un acuerdo inteligente y muy sentido entre dos mentes y dos corazones: los del creyente y los de Dios; hecho el uno conforme a la imagen del otro. Este es el principio que debe regir la oración, sea cuando se hace en forma privada o cuando se hace en forma pública.

 

Además, el Señor Jesús enseñó también que la oración es más que palabras; es más que fórmulas preestablecidas o repeticiones mágicas bien intencionadas; es, por el contrario, una expresión humilde y espontánea de los pensamientos de Dios expresados en su palabra, que autorizan al creyente a adorar al Dios que todo lo sabe y que todo lo puede, y a pedir por las necesidades allí relacionadas, y que el Él sabe que embargan al corazón humano. “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos……porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad” (Mateo 6: 7, 8).

 

1.3. Su importancia: Como ciertamente la oración es el medio para comunicarnos con Dios, ¿Qué dice la escritura acerca de su importancia?

 

La oración desde la perspectiva bíblica, activa y dinamiza la presencia del Dios vivo, porque es la actividad espiritual por excelencia que ejercita la fe poderosamente, convirtiéndola en útil y práctica; Y sabemos que el ser humano es, momento a momento, un ser de fe. Así que, sin oración bíblica no hay fe, y sin fe no hay oración; Y sin oración de fe, no hay respuesta ni solución.

 

Hebreos 11:1,6, dice: “Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve; Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe, y que es galardonador de los que le buscan”.

 

El pensamiento de Dios, expresado en su palabra, es que para que haya respeto por el ser humano, y completa responsabilidad ante su futura evaluación en juicio, le fue establecido al hombre, que no reciba cosa alguna de manera arbitraria, sino a través de la expresión verbal de sus deseos y necesidades, mediante la oración. Es decir, Dios no impone cosa alguna a persona alguna; Aún lo bueno, lo debe desear y pedir el ser humano, con absoluta libertad: “Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá... “ (Mateo 7: 7 – 11). Obviamente, el creyente cristiano cuenta con la dirección del Espíritu Santo, quien le recuerda y le hace apetecer lo que está de acuerdo con la voluntad de Dios expresada en su palabra; de esa manera lo guía a oraciones de bendición. Así que la oración es tiene importancia vital (“de vida o muerte”) para el creyente cristiano, porque sin ella no hay posibilidad alguna de recibir lo mejor por parte de Dios el Creador.

 

Por otra parte, Dios está presente en todo tiempo y lugar, pero su carácter manso y humilde, es decir respetuoso y prudente, lo lleva a no intervenir, ni siquiera a favor de alguien, a menos que se lo solicite. “El que habita al abrigo del altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmo 91: 1). Observemos: El que permanece en el Señor, libre, voluntaria y abnegadamente (“al abrigo”), a través de la oración obviamente, gozará de la provisión, la protección y la dirección del Todopoderoso (“a la sombra”).

 

Concluyendo, la oración es el factor determinante de éxito y felicidad para el ser humano, porque por su conducto, las riquezas y las fuerzas sobrenaturales del Todopoderoso están al alcance del creyente orador, permitiéndole cumplir los propósitos para los cuales fue diseñado, creado y enviado a la tierra.

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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