El Sostenimiento de la Iglesia Por el Pastor, Justo Román Acero R.

Septiembre 18 del 2017

 

Creemos que la iglesia y sus pastores deben sostenerse económicamente sólo con los aportes libres y voluntarios de sus miembros o asistentes, ya sea con el carácter de “Diezmos”, o con el carácter de “Ofrendas”. Creemos que este es el único medio válido para que una iglesia cristiana y sus pastores se sostengan. Creemos que estos aportes le significan especial bendición a los aportantes.

 

Sustento sagrado:

Todo comenzó cuando el padre de la fe cristiana, Abraham, entregó los diezmos de todo, al primer y mas fiel prototipo de Cristo, Melquisedec, después de recibir de este, pan y vino (Símbolos del cuerpo y de la sangre del cordero). “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo” (Génesis 14: 18 – 20). “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gálatas 3: 6 – 9). Si se reciben cuerpo y sangre (pan y vino) como Abraham, de quien somos descendientes los cristianos en la fe, lo lógico e infaltable es que, igual que él, se entreguen los diezmos de todo. Si no se dan los diezmos de todo, lo más seguro es que no se han recibido de verdad el cuerpo y la sangre del eterno sacerdote.

 

En la carta a los Hebreos se plantea así: “Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmo       s de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos” (Hebreos 7: 1 – 4, 8, 9). Así que el diezmo es más del Nuevo testamento que del antiguo; porque es la capitalización de la fe de Abraham en el cristianismo; es más, Abraham, la fe y el diezmo, son antes de la ley; Entonces, el diezmo se constituye ciertamente en una de las bases fundamentales de la gracia salvadora.

 

Jesús afirma que el complemento perfecto e infaltable de la fe cristiana es el diezmar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mateo 23: 23). Es necesaria la justicia, la misericordia y la fe, sin dejar de diezmar. Lo uno no existe sin lo otro. Si falta alguna de las dos caras, la moneda es falsa. Sin diezmo no hay legalidad cristiana, no hay obra de Dios en la tierra. La obra de Dios es espiritual pero aplicada con recursos terrenales.

 

La ley de Dios a través de Moisés lo plantea así: “Indefectiblemente diezmarás…..” (Deuteronomio 14: 22). “Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión” (Números 18: 21). “El diezmo de la tierra, así de la simiente de tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová” (Levítico 27: 30). La idea es que Dios nos da el 90% representado en bienes terrenales, facultades y oportunidades; Nosotros damos el 10% representado en disposición y esfuerzo. Del fruto de esta asociación, nos pide que le devolvamos sólo el 10% para su obra y propósito en la tierra, y nosotros retengamos el 90%. Es mejor, obviamente, vivir con el 90% con la bendición de Dios, y no con el 100% sin su bendición (ningún dinero alcanzaría).

 

Finalmente, el apóstol Pablo, disertando en el Espíritu acerca del sostenimiento de la iglesia, ordena volver los ojos a la ley, en donde ya está legislada la cantidad que el cristiano debe devolver a Dios: “Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Corintios 9: 3, 4, 7 – 14). Pablo nos remite a la ley en este tema, y en la ley encontramos que los siervos de Dios deben vivir de los aportes que los creyentes dan para el evangelio; y ordena que este aporte debe ser equivalente a la décima parte de sus ingresos, o diezmo. El diezmo, por tanto, no es para los pobres ni para los familiares, sino únicamente para predicar el evangelio a través de la iglesia cristiana en donde laboran los que sirven en la predicación y la enseñanza del evangelio.

 

Por su parte, el mismo Jehová Dios, dice: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3: 8 – 12).

 

Y Pablo concluye: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9: 6 – 8). El apóstol Pablo exhorta a que se revise la actitud con que se da, porque esta la evalúa Dios atentamente. La cantidad ya la había establecido la fe salvadora de Abraham y la había legislado la eterna ley de Dios (Mateo 5: 17 – 20).

 

 

Pastor, Justo Román Acero R.

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