Atraco de Película Por el Coordinador Juvenil, Didier Giraldo

Mayo 8 del 2018

 

Ciudad del Este, el principal centro del comercio en Paraguay, fue por una noche una zona de guerra. Un grupo comando de 50 hombres, armados con fusiles, dinamita, miras láser y equipos de visión nocturna atacó durante 3 horas la sede de una empresa recaudadora de valores, mataron un vigilante, derribaron el edificio y accedieron a la bóveda, que guardaba 40 millones de dólares.

 

En su huida detonaron autos con explosivos a distancia. En medio del caos, las alarmas y los disparos de armas largas, la policía no atinó a dar con la pista de los delincuentes, que lograron huir hacia el norte a bordo de cinco camionetas artilladas. Las autoridades paraguayas sospechan de una banda brasileña.

 

La dimensión del ataque alertó al otro lado de la frontera paraguaya. A pedido de Asunción, la Policía Federal de Brasil desplegó patrullas por tierra y una embarcación armadas por el Río Paraná, para evitar que los ladrones escapasen por agua, además de dos helicópteros. El gobierno argentino, en tanto, anunció un refuerzo de la frontera y ofreció ayuda policial.

 

Hoy tenemos un mensaje acerca de uno de los pecados que está llevando a nuestro querido país a la condenación, maldición y la quiebra, y es el pecado de robar.

Hoy me pregunto: “¿Por dónde comienza uno a exponer este pecado que ha saturado a nuestro país en la actualidad, plagando a nuestra sociedad con tantas llagas de deshonestidad que se hacen acreedoras a la venganza de Dios?”

 

En primer lugar, la raíz de este pecado es UN CORAZÓN PERVERSO LLENO DE INCREDULIDAD, porque el hombre que roba simplemente desconfía de la providencia de Dios.

Dice en su corazón que Dios no puede prepararle una mesa en el desierto (Sal. 78:19), entonces se la prepara él mismo a expensas de los bienes de su prójimo.

 

En cambio, el corazón que confía en Dios no roba, sino que espera que Dios satisfaga todas sus necesidades. Implora como el sabio en Proverbios 30:8, 9: “No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios”.

 

En segundo lugar, la raíz de este pecado es UN CORAZÓN PERVERSO LLENO DE CODICIA, de un deseo de apropiarse, sea como sea, de lo que le pertenece a otro.

Digo que la codicia –el deseo descontrolado de tener más- ¡convierte al hombre en un ladrón! Recuerda que la codicia, que lleva al robo, fue el primer pecado cometido por la raza humana cuando Eva tomó o robó el fruto prohibido.

 

En el Nuevo Testamento, Jesús invita a dar un salto mayor, a pasar del "No robarás", del Antiguo Testamento, al "compartirás" del Nuevo Testamento. Jesús, en muchas de sus parábolas, afirma que nosotros no somos dueños de las cosas, sino simples "administradores".

Tenemos que "cuidar" los bienes del Señor, multiplicar los talentos que él nos prestó para un determinado tiempo y en un determinado espacio.

 

Un día nos pedirá cuenta de ellos.

 

Coordinador Juvenil, Didier Giraldo.

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Atraco de Película Por el Coordinador Juvenil, Didier Giraldo
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