Vagabundo por error Por el Coordinador Juvenil, Didier Giraldo

Noviembre 6 del 2018

 

De todas las parábolas que Jesús relató, la que representa el hijo pródigo tal vez sea la más conmovedora y recordada.

Como: “tal vez la corona y flor de todas las parábolas”, esta historia sólo aparece una vez en la Biblia —sólo se encuentra en el Evangelio de Lucas.

 

La historia es muy corta. Un padre tenía dos hijos, y cuando el menor llegó a la mayoría de edad, le pidió que le diera su parte de la herencia. El padre le concede su petición y pronto su hijo se va para otro país, donde malgasta su riqueza con una forma de vida suntuosa en la que desperdicia y hace toda clase de gastos innecesarios.

Después de que ha malbaratado todo su dinero, escasamente logra sobrevivir con un empleo en el que cuidaba cerdos. Hambriento y sin dinero, él empieza a recapacitar.

 

Viene entonces el arrepentimiento y con él la decisión de reconocer aquella triste vida lejos del amor de su padre, de la gran necesidad que tenía de volverse a aquel que le había dado la vida y pedir perdón y con toda humildad y sinceridad desde el fondo de su corazón, se echa en sus brazos y experimenta la gran misericordia del padre quien le recibe lleno de amor, porque aquel orgullo que caracterizaba al hijo ha desaparecido. Entonces el padre lleno de amor le da el mejor recibimiento digno del hijo amado.

 

El hermano del hijo pródigo representa al fariseo, a un corazón lleno de amargura y recelo, incapaz de experimentar el amor de Dios en su vida.

A veces nos comportamos como el hijo mayor, tenemos envidia de nuestros hermanos en la fe que son bendecidos por Dios, de personas que pensamos que les va mucho mejor que a nosotros. Y olvidamos que Dios sabe de qué cosas tenemos necesidad y cuando nos las da, así como el padre sabía que era el momento indicado de festejar la llegada del hijo perdido.

 

¿Hemos de tomar la actitud de los fariseos, pensando que porque ya somos salvos, no tenemos por qué mezclarnos entre “la gente pecadora”, y que tampoco tenemos la obligación de compartir nada con nadie, pensar que debemos mantenernos alejados porque existe el peligro de contaminarnos?.

 

Es tiempo de salvación, no estamos para juzgar a nadie, ni para condenar a nadie, porque alguna vez también estuvimos en la misma condición que el hijo pródigo, y nuestra obligación ahora es ir, y hacer entender a quienes no tienen la bendición de conocer a Cristo, que su vida está en un grave peligro.

 

Este vagabundo por error es uno de los pasajes más hermosos de los que podemos hallar en el evangelio de Lucas.

Nos ofrece una ilustración sobre el materialismo, la debilidad, el perdón y la redención. Además de una gran lección de amor.

La misericordia —tal como Cristo nos la ha presentado en la parábola del hijo pródigo— tiene la forma interior del amor, que en el Nuevo Testamento se llama agapé.

 

Esta parábola ha sido empleada innumerables veces, incluso por personas que no manifiestan fe en Cristo, ya que es mucho lo que se puede extraer de ella.

 

 

Coordinador Juvenil, Didier Giraldo.

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Vagabundo por error Por el Coordinador Juvenil, Didier Giraldo
Vagabundo por error Por el Coordinador Juvenil, Didier Giraldo